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Frankenstein vuelve a la vidaPercy Bysshe Shelley, en una reseña de 1817 de la novela que su mujer escribió con alrededor de veinte años y que disfrutó de un gran éxito mediante sus adaptaciones teatrales, «Frankenstein o el moderno Prometeo», apuntó algo que podríamos extender a esta obra de Peter Ackroyd: «El interés aumenta gradualmente y avanza hacia la conclusión con la velocidad acelerada de una peña que rueda montaña abajo». El gran biógrafo de la ciudad de Londres y de sus mejores escritores ya dio muestras de su refinado ingenio en la anterior de sus novelas editadas por Edhasa, «Los Lamb de Londres» (2007), sobre los hermanos Charles y Mary Lamb, autores de los «Cuentos basados en el teatro de Shakespeare» (1807), los cuales protagonizaban una tragicomedia llena de una erudición deleitosa en la que también se asomaban otros autores, como Thomas de Quincey y R. B. Sheridan.
Y es que ésta es la seña de identidad de Ackroyd: llevar la existencia de los grandes poetas británicos a novelas de entretenimiento donde suelen combinarse el recurso del manuscrito hallado y el rigor histórico para dar, como resultado, obras que son sencillamente deliciosas. «El diario de Víctor Frankenstein» –traducida por Gregorio Cantera– es un excelso ejemplo de tal cosa, un juego metaliterario en que se dan cita el frenesí londinense de calles, ríos, barrios y voces, los paisajes suizos donde creció el estudiante de filosofía natural Víctor Frankenstein y, en concreto, la Villa Diodati, la propiedad junto al lago Leman que alquiló Lord Byron en el verano de 1816 y en la que nacería aquella célebre propuesta: «En noches lúgubres como ésta –dirá el poeta en la novela (pág. 381)–, hemos de ser capaces de contar nuestros propios relatos, buscar una forma de entretenernos, ya sea sirviéndonos de hechos verídicos o de fantasías inventadas». De ello nacería un pequeño relato inconcluso de Byron, el exitosísimo cuento «El vampiro» del doctor personal del vate, William Polidori, y, por supuesto, «Frankenstein» de Mary Wollstonecraft, recién casada con Shelley sin la aprobación paterna.
Pura electricidad
El propio Ackroyd toma el testigo de concebir algo verídico e inventado para construir una trama perfectamente urdida en la que recrea el deseo de Frankenstein, desde que llega a Oxford y conoce a un Shelley propagador de ideas ateístas del que se hace íntimo amigo, por «dotar de vida a la materia muerta o inerte» (pág. 19). En aquella casa suiza, cuenta Mary Shelley en el prólogo a la edición de 1831 de su novela, se habló de Darwin, del galvanismo, de que «quizá un cadáver podría ser reanimado». Pues, como afirma repetidamente Frankenstein en la obra de Ackroyd, toda la naturaleza es pura electricidad: «El fluido eléctrico, en cantidades ilimitadas, permanece latente en la tierra, en el agua y en el aire. Está presente en los rayos de las tormentas de verano, incluso en las gotas de lluvia» (pág. 143). Así, con sus experimentos, teniendo presente la frase que oye en una conferencia en boca de Coleridge: «Gracias a la imaginación, podemos cambiar el curso de las cosas», el científico lleva a cabo su obsesión por descubrir el secreto de la vida, que en su caso es desvelar la forma de resucitar a los muertos.
El misterio de la creación que domina las pasiones del Frankenstein original tiene en el de Ackroyd un complemento sensacional, pues vemos el proceso completo del personaje en pos de su objetivo: pruebas con innovadores aparatos tecnológicos, búsqueda de los cadáveres adecuados mediante los llamados «resurreccionistas», una panda de maleantes que proporcionaban muertos a los hospitales para las clases de anatomía, y al cabo su relación con la criatura que ha ideado y que convertirá su sueño científico en la peor de las pesadillas. Pues la muerte llena todo: muertes de personajes que fueron reales en su momento, como la primera esposa de Shelley, Harriet Westbrook, y que Ackroyd utiliza hábilmente para sus propósitos narrativos. Su dominio sobre el Londres de la época y las vidas de todos los escritores citados es tan apabullante que aquel familiarizado con los acontecimientos que se literaturizan –la trágica existencia de la pareja Shelley, el extraño vínculo entre el arrogante Byron y su médico– hallará un placer inusitado en estas páginas; pura felicidad lectora. Más si cabe cuando se compare el texto de Mary Shelley, el soliloquio de Frankenstein, con el de Ackroyd, también en primera persona pero en forma novelesca, hasta que al final entendamos que ha sido, más bien, el diario de un hombre que se dejó cegar por el poder de los fluidos eléctricos y enfermó su alma para siempre.
larazon.es | 17-may-2012 01:55
( Escaparate )
«Cine y literatura»
Pere Gimferrer / Austral. 174 páginas, 7,95 euros
Revisado y puesto al día, este clásico se abre con una declaración de intenciones del autor, quien afirma que desde el punto de vista del lenguaje narrativo el cine «sólo ha conocido dos épocas: la anterior a Griffith y la posterior a él». Gimferrer estudia, entre otros temas, las relaciones de la novela y el teatro con el cine. Y añade un jugoso apéndice con 125 filmes imprescindibles en la historia del séptimo arte.
«Sendino se muere»
Pablo d’Ors/Fragmenta Editorial. 77 páginas, 10,50 euros
Tenía cáncer de mama y una entereza que la llevó a vivir esos últimos meses sabiendo que iba a morir. Pablo d’Ors rescata en este pequeño gran librito (al que rechaza llamar novela) las anotaciones de la doctora África Sendino, a quien este sacerdote asistió en los momentos finales, una mujer a la que califica de «ejemplar» y que le transmitió fuerza desde el primer día que la vio, en mayo de 2008, hasta el que falleció.
«Cuando pase la tormenta»
Lucía de Vicente / Éride Ediciones. 525 páginas, 15 euros
Ambientada en Kenia, relata en clave de «thriller» romántico las andanzas de Mary Mantley, una fotógrafa que recibe el encargo de trasladarse al continente africano para realizar un reportaje, aunque detrás se esconda el descubrimiento de una trama política internacional. La tierra se convierte en una protagonista más en esta primera novela, sus paisajes, su cultura, su flora y su fauna.
«Antes que nadie»
Fernando Paz /LibrosLibres. 241 páginas, 20 euros
Historiador, profesor y escritor, Paz vuelve la vista a Nietzsche cuando éste afirmaba que los españoles eran un pueblo que quiso ser demasiado. Y no es para menos al estudiar la nómina de aventureros autores de proezas tales como descubrir las fuentes del Nilo (a Pedro Páez, en el siglo XVI, se debe la hazaña), estar a punto de conquistar China o poner un pie en San Agustín, la primera ciudad de EE UU.
larazon.es | 17-may-2012 01:55
Si los edificios hablasen...
Inquietante y lleno de magia, no podía arrancar de mejor manera este ensayo que con el óleo de Thomas Cole, «El sueño del arquitecto» (1838), que le sirve al profesor y arquitecto Edward Hollis como punto de partida para adentrarse en la vida que encierra un conjunto de edificios emblemáticos de todos los tiempos. El óleo es una amalgama de construcciones y estilos que se sobreponen: una aguja de catedral gótica deja su lugar a una pirámide, mientras se atisban columnas jónicas al fondo. Dice con buen juicio el autor que sabemos mucho o casi todo de los grandes arquitectos y mucho menos, sin embargo, de los edificios que proyectaron. Y con el objeto de cubrir esa laguna que casi fuera mar, bucea en sus interiores a partir de un propósito: insistir en que los edificios cambian y también en que quizá tengan que hacerlo, lo que apoya con citas de Adolf Loos, Vitrubio o Le Corbusier. De la perfección eterna del Partenón, «el sueño de todo arquitecto. Lo que la arquitectura fue, es y debe ser», recoge sus transformaciones y destrucciones (sobrevivió a un terremoto en 1894), a las piezas que salieron rumbo a Londres salvadas del poder de los otomanos y bajo el control de Lord Elgin, Hollis también abre las puertas de Santa Sofía, San Marcos de Venecia y La Alhambra, vivienda real durante medio año de Karel (Carlos V e Isabel), quien quiso trasladar su universo alemán al interior de la construcción nazarí (desde mapas a astrolabios, pasando por tapices y todo tipo de mobiliario), de la que el autor señala que se enamoró perdidamente.
Living Las Vegas
La lista de este libro de «cuentos», que así lo denomina Hollis, hace parada (trece son los relatos que nos desvela) en Notre Dâme, el templo de Malatesta, el Muro de Berlín o el de las Lamentaciones para acabar este constructivo viaje en Las Vegas, una amalgama de estilo con la que cerraría el círculo abierto con el óleo de Thomas Cole (todo empieza y finaliza casi en el mismo punto), una ciudad en medio del desierto que contiene en su interior réplicas de Venecia y que copia de forma burda y desenfadada las bellas pirámides egipcias. Curiosamente, no es el único texto –aunque sí el más ameno– que bucea en el interior de grandes monumentos: Gavin Macrae-Gibson repasa en un volumen de idéntico título publicado por Nerea siete obras emblemáticas de la arquitectura americana, y Ricardo Aroca hace lo propio en «La historia secreta de los edificios» (Espasa) con monumentos españoles desde la Prehistoria a nuestros días.
larazon.es | 17-may-2012 01:54
El terror sube al ring
La vuelta al pasado victoriano es una de las opciones historicistas que está renovando los géneros populares, principalmente la ciencia ficción, pero también los «thrillers» de intriga y terror. La novela gótica, diversificada en subgéneros, está conociendo un resurgimiento «camp» gracias a los escritores retro que buscan en la era de la máquina de vapor una estética donde situar la acción de estos nuevos híbridos del «steampunk». «El reino de los huesos», de Stephen Gallagher, está protagonizada por personajes reales, otra de sus características singulares: el boxeador Tom Sayers, mito de finales del siglo XIX en Inglaterra, y Bram Stoker, famoso autor de «Drácula», testigo de una historia de posesión infernal, parecida a su germinal novela de vampiros.
Pasado gótico
El «errabundo» es la encarnación del mal, una maldición como la del conde Drácula, condenado a llevar una existencia sin final, al modo de «Melmoth», de Maturin. La historia trata de encontrar su identidad en el homenaje al pasado gótico de sus protagonistas y un nuevo enfoque más racional de los fenómenos sobrenaturales. La narración la conduce un ingenuo y altruista detective de la agencia Pinkerton, Sebastian Becker, que se alterna con la del boxeador Sayers, obsesionado con una mujer poseída por el deseo del mal, y Bram Stoker, observador del renacimiento de las ciencias ocultas en plena era de la revolución industrial. Uno de sus artífices fue Samuel Liddell, especialista en ocultismo y sectas satánicas, amigo de Bram Stoker. El subgénero neovictoriano gusta de los teatros de variedades, las sociedades ocultas y los melodramas folletinescos, al modo de la novela gótica que aquí se recrea. Un «amour fou», una obsesión malsana que busca su propia perdición.
Además de la fantasía y el cambio de perspectiva moral, el recurso a la estética victoriana busca seducir al lector con las descripciones de un mundo en el que el racionalismo tecnológico andaba de la mano de la reacción romántica en contra de las luces, y la literatura popular rebuscaba en el Medioevo castillos de Otranto con los que conjurar los temores ante el cambio de mentalidad, algo similar a lo que sucede hoy, sólo que para Gallagher estos temores son metáfora alusiva a la crisis digital.
larazon.es | 17-may-2012 01:54
Este libro está enfermo
Una entrega más, se le «huelen» a esta escritora los mimbres periodísticos que sustentan la anatomía de sus relatos. Si en «Tenemos que hablar de Kevin» abordaba la violencia gratuita de ciertos adolescentes, en este libro pide cuentas a la «sociedad del bienestar» sobre las desigualdades y falacias sociales. No es una novela, es el grito sordo de Munch, apto para todos los públicos, excepto para los paladares hipocondríacos.
Shep es un empresario que planea utilizar sus inversiones acumuladas para financiar un tiempo sabático en un paraíso africano. Está en situación de hacerlo hasta que siente que su esposa demora la partida... Pero no es negligencia: ella le revela que padece un mesotelioma peritoneal –rara variante de cáncer– y que él no puede abandonar su trabajo, pues necesita de su seguro médico para costear los tratamientos experimentales. Por si la historia central fuera poco dura, tiene que competir con varias pesadillas médicas adicionales, como los detalles escatológicos del padre de Shep en su nebulosa geriátrica.... La hija adolescente de sus mejores amigos que sufre una «catástrofe a cámara lenta» llamada disautonomía, que hace estragos sobre su presión sanguínea. La reacción hacia la novela es contigua a la esquizofrenia: hay momentos en los que uno no puede enfrentarse a la siguiente página, pero, si se hace el esfuerzo de superar las evacuaciones, arcadas o cuerpos retorcidos, la historia es implacable. Rotunda. Dejando a un lado la denuncia médica de un país «del primer mundo», la política o la economía, hacía tiempo que no leíamos algo tan tenaz y sensato sobre la forma en que respondemos a familiares y amigos sobre sus enfermedades. Es un trago amargo.... Pero merece la pena beberlo.
larazon.es | 17-may-2012 01:54
De Tailandia al infierno
Cualquier lugar del mundo vale la pena cuando se tiene una vocación tan extraterritorial como la que posee el escritor colombiano Santiago Gamboa. No hay fronteras para la ficción ni tampoco, prácticamente, para él. En su anterior novela, «Necrópolis», se adentraba en los márgenes de una ciudad, Jerusalén, sitiada por las bombas. También ha narrado la vida de un inmigrante latinoamericano en París y ha recorrido el Japón con los ojos de un observador aviezo.
Pena de muerte
Ahora, en «Plegarias nocturnas», se interna en las calles de Bangkok en busca de Manuel, un estudiante de Filosofía colombiano que espera el inicio de su juicio: lo han acusado de tráfico de drogas y en Tailandia, el país de la sonrisa y de la prostitución, la interpretación de las leyes no admite metáforas ni términos medio: los delitos de esa clase se pagan con la muerte. O también: con muchos años detrás de las rejas.
El cónsul de Colombia en la India no está con ganas de meterse en problemas. En Tailandia no hay representación oficial y él debe viajar hasta el país vecino con un solo deseo: encontrar a Juana, la hermana del joven, desaparecida desde hace muchos años y de quien, desde entonces, no se tienen noticias. Juana salió de Colombia, aterrada por el miedo que le inspiraban los paramilitares, y terminó primero en Tokio y, después, en Teherán: en un lugar, como prostituta, y en otro, como esposa por obligación.
Gamboa, que también se marchó de su país hace varios años, en «Plegarias nocturnas» narra con el mismo afán y la misma pasión cosmopolita. Con la diferencia de que el viaje emprendido por los personajes de su novela, a diferencia del suyo, sabe a derrota y a violencia. «Plegarias nocturnas», en ese sentido, puede ser leído como el relato de una doble orfandad: la de un país, inmerso en una constante crisis política, y la de unos jóvenes que saben que todo viaje es una huida de la que es imposible regresar.
larazon.es | 17-may-2012 01:54
Una profecía Real
Poco imaginaba nuestro compañero, al entregar este manuscrito, las turbulencias que iba a vivir la Casa Real. O tal vez fue preclaro y dio en la diana con su argumento: un accidente acaba con la vida de un Monarca. Su heredero pretende abdicar para propiciar el advenimiento de la República pero ni su esposa ni su madre están dispuestas a permitirlo. Ésta es la sinopsis de una novela, pergeñada por el guionista de un programa de la televisión de la Iglesia, que imbrica exaltación mariana, amarillismo y solidaridad caducifolia.... Hasta que el auténtico rey fallece tal y como el autor lo ha descrito en el libro. Muchos verán en él a un nuevo Nostradamus, aunque otros le acusarán de conspiración. Todo sucede, no en esta tierra de garbanzos, sino en Macón, una versión valleinclanesca de nuestra España. Como en novelas anteriores, en la trama se suceden constantes sorpresas, altas dosis de ingenio y un fino humor sarcástico. La narración avanza con muy buen pie, sin juegos florales. Y deja hablar a los personajes.
El nervio del contador
En definitiva, no alude a un mundo, sino que lo crea. Dicen que el periodismo es la trampa del escritor, pero me temo que Jesús M. Amilibia nunca, en sus muchos años de profesión, se lo ha creído. Este espadachín lleva en el oficio de informador desde que se inventó la rotativa y escribe excelentemente. Pero lo importante, ya sea en formato novela o periodístico, es que tiene voz propia. Quizá, porque como decía García Márquez, la entrevista muscula el nervio del contador.
larazon.es | 17-may-2012 01:54
Rastros del antihéroe
No se conoce Europa si no se ha leído a Yuri Andrujovich. El narrador, poeta y ensayista ucraniano es uno de los escritores más interesantes a la hora de pensar el presente europeo: una región integrada en la que él reflexiona también incluyendo lo más reciente de su país: Chernobyl, las migraciones internas, las mafias, las ciudades perdidas que perduran en una cultura incesante. Todo. Eso sí, visto a través de los ojos de la sátira y en un tono burlón. Nada mejor que hacer de Venecia el lugar donde desaparece Stanislav Perfetsky, el poeta ucraniano que en esta novela se pierde en las aguas del Gran Canal después de atravesar Europa de este a oeste en un viaje decadente que lo llevó desde su tierra natal hasta su sospechoso suicidio en Italia. Fiel a su concepción de la novela como un género abierto, en «Perverzión», Andrujovich recompone el rastro de este antihéroe en una mezcla de ficción y biografía mediante un coro de notas, papeles, textos y documentos que Perfetsky ha dejado esparcidos en los rincones de Europa y que constituyen el resumen de su vida. Andrujovich remonta el trayecto emprendido por su protagonista, pero ese viaje por Europa no será sólo un recorrido en busca de las andanzas y peripecias del escritor, sino la puesta en escena de un mundo que ofrece su versión absurda, aunque su destino sea, como comprende Perfetskye, irrevocable.
larazon.es | 17-may-2012 01:54
Palabra de soldado nazi
¿De qué hablaban los hombres en la Segunda Guerra Mundial? ¿De la familia que habían dejado atrás? ¿De la esperanza en un futuro mejor? ¿De cómo sería el porvenir que les aguardaba? No. Los hombres, en la guerra, hablaban de otras cosas: contaban lo que habían visto, lo que habían hecho y lo que les habían hecho; hablaban de la lealtad, hablaban de sexo, de mujeres.
Así lo demuestra el excelente libro «Soldados del Tercer Reich», de Sönke Neitzel y Harld Welzer, en el que los autores analizan las conversaciones que los alemanes mantuvieron entre ellos mientras fueron prisioneros de guerra de los ingleses: relatos que son un testimonio de la brutalidad, de la dureza y de la frialdad con que se vive una guerra en el frente día a día. Tanto Neitzel como Welzer sabían que el Ministerio de Guerra Británico se había valido de esas conversaciones para obtener importante información bélica. Sabían, también, que éstas habían permanecido guardadas bajo llave durante años. Pero fue Neitzel, profesor de Historia Moderna y Seguridad Mundial en la Universidad de Glasgow, quien las encontró en el Archivo Nacional británico en 2001 y decidió hurgar en ellas.
50.000 folios
La información, que era obtenida por la sección «Inteligencia humana», se había hecho pública en 1996. Era fruto de las conversaciones que diez mil prisioneros alemanes y quinientos italianos habían mantenido durante un lapso de tiempo que va desde 1939 hasta 1945. Todo el material transcrito alcanza un total de cincuenta mil folios. Para conseguir semejante información, los servicios secretos se valían de diversos trucos: agrupaban a los soldados de acuerdo a sus rangos, a pesar de que pertenecieran a unidades distintas, y los dejaban hablar libremente: eran hombres recién apresados, habían estado a punto de morir y sentían la necesidad urgente de contar sus experiencias.
«A mí no me gusta el bombardeo de noche –explica un aviador–. Cuando uno vuela para allá de noche, no sabe exactamente dónde está; y si lo derriban, no sabe dónde cae». Según señala Welzer, que trabaja como profesor de Psicología social en la Universidad de St. Gallen, hay una combinación de muchos temas: la guerra, los soldados enemigos, los jóvenes, la música, la estepa rusa, los crímenes de guerra, la admiración. Sin embargo, aunque no estén relacionados entre sí, los temas empiezan a unirse azarosamente, sin un hilo conductor.
«Hicieron reunirse a la población –indica otro combatiente, recordando el comportamiento de la Wehrmacht–, dijeron que iban a repartir alimentos y se pusieron a disparar contra ellos. Eso nos lo explicaron los soldados mismos, las barbaridades que habían hecho». Los relatos, por momentos, resultan escalofriantes a pesar de que han pasado más de 60 años. Pero las personas no conversaban para intercambiar información; lo hacen para narrar su experiencia sin filtros, para identificarse con un mismo mundo. En este caso, la guerra.
«Me llamaban “el sádico”»
La brutalidad de lo que narran, dentro de ese contexto, puede resultar bastante normal, lo cual demuestra el espacio que la muerte ocupaba para los soldados: en sus relatos, se refieren a ella como se refieren a los aviones, las bombas, los radares. «Como te digo –afirma un piloto alemán–: me he cargado a un montón de gente en Inglaterra. En nuestra escuadrilla me llamaban “el sádico”. Me lo cargaba todo: autobuses en las calles, trenes de civiles en Folkestone. Teníamos órdenes de machacar las ciudades. Yo disparaba contra todos y cada uno de los ciclistas».. Están amparados por ese marco brutal de referencia y por una confianza ciega en su líder. Hitler, de hecho, es el nombre que más se oye en las conversaciones.
Sólo así, concluyen los autores, es posible comprender por qué los soldados alemanes, durante cinco años, libraron una guerra de una crudeza desconocida hasta entonces y provocaron una erupción de violencia que causó la muerte de 50 millones de personas. La versión del libro, en ese sentido, aparece como una respuesta fiable: es la declaración de unos cuantos hombres que vivieron la guerra desde dentro, que la vieron con sus propios ojos y la contaron, según sus palabras.
«Simplemente, le descerrajaron la cabeza»
Uno de los testimonios que sobresale entre este abundante material es el del teniente general Heinrich Kittel, antiguo comandante de Metz. En diciembre de 1944, narra el asesinato de varios letones frente a una fosa. «Arriba se pusieron en el margen y les descerrajaron la cabeza, simplemente, y aquellos se cayeron hacia delante, al interior de la fosa. Luego veinte hombres, los liquidaron de la misma manera», describe Kittel. Anteriormente, había estado en Dünaburg, se habían sido asesinados 14.000 judíos.
El avión de Leslie Howard, abatido
El día 1 de junio del año 1943, el exquisito e impecable actor de cine nacido en Londres, Leslie Howard (la famosa estrella tanquerida en el Hollywood dorado que, entre otros papeles, encarnaría en 1939 a Ashley Wilkes en la mítica «Lo que el viento se llevó», de Victor Fleming, así como «Intermezzo», «Pygmalion», «Sangre, sudor y lágrimas», «Siempre Eva», «Romeo y Julieta» y «La pimpinela escarlata», uno de sus mayores éxitos profesionales), viajaba de Lisboa a Bristol en un vuelo de KLM. Pero el aparato fue derribado mientras volaba sobre el golfo de Vizcaya. Los soldados también hablaron de este trágico episodio: «A lo que nos pasaba por delante de la escopeta, le disparábamos –relatan precisamente quienes abrieron fuego sobre el avión de pasajeros en el que se encontraba el intérprete–. Dentro iban toda clase de piezas mayores; había diecisiete hombres: cuatro tripulantes y catorce pasajeros que venían de Lisboa. Entre ellos –prosiguen– estaba también un famoso actor inglés: Leslie Howard. La radio inglesa lo anunció por la noche», añaden sin demostrar ninguna emoción especial por aquel terrible suceso. El artista solamente tenía cincuenta años cuando falleció.
Ficha
«Soldados del Tercer Reich»
S. Neitzel y H. Welzer
Crítica
512 páginas,
25,90 euros
larazon.es | 14-may-2012 02:15
Ian Gibson gana el XVII Premio Fernando Lara de Novela por 'La berlina de Prim'
El hispanistas Ian Gibson, que se presento con el seudónimo de Araceli Domínguez, ha resultado ganador de la XVII Edición del Premio Fernando Lara de Novela, dotado con 120.200 euros, con la obra 'La berlina de Prim', tras la decisión tomada por el jurado del certamen literario, compuesto por Angeles Caso, Fernando Delgado, Pere Gimferrer, Ana María Ruiz-Tagle, y Emili Rosales, secretario con voto, en el transcurso de una cena celebrada este viernes en el Real Alcázar de Sevilla.
larazon.es | 11-may-2012 23:56
Salgari, entre Sandokan y el infierno
Éste es el canto de cisne de un hombre que escribe sus memorias sumido en el quebranto y la extenuación. Un bello canto para Emilio Salgari, porque su autobiografía es a la vez su última ensoñación: revivir la juventud a bordo de barcos surcando mares asiáticos, rememorar el primer e imposible amor adolescente, retomar una vida de pirata que no pudo ir más allá, pues el mar y los peligros fueron sustituidos, aunque pueda parecer una invención, por el periodismo, el escritorio, las novelas escritas a destajo y la muerte: la muerte mental de Ida, su esposa, ingresada en un psiquiátrico y que hundió sus años postreros, su muerte en forma de harakiri el 26 de abril de 1911, en un bosque cercano a su casa de Turín; la muerte prematura de sus hijos Fatima y Nadir, más los suicidas Romero y Omar (el padre del autor también se había quitado la vida en 1889). Pero antes, logra Salgari burlarse de toda esta muerte previa y futura, recordando. Echa la vista atrás. «“Mis memorias” serán, por eso, el coronamiento de toda mi obra: la síntesis, el epílogo», dice en la primera página, melancólica, sufriente.
En la miseria
Sin embargo, el instinto por novelar que tiene el autor es mayor que la tristeza por verse en la miseria tras enriquecer a editores que se aprovecharon de él, y el texto cobra un vigor narrativo y una intensidad propios de la mejor de sus novelas de aventuras, en caso de que «Le mie memorie», publicado en 1928, no sea su mejor obra. Yo me atrevo a decir que sí. Un libro-testamento que se cierra con una especie de diario de sus postreros años –de cuando se intentó quitar la vida por primera vez, en 1909– en el que llora la pérdida de su mujer y siente que «ha llegado el fin» también para él. Un libro, en suma, que precede a sus tres notas de suicidio: una carta a sus hijos, otra dirigida a la Prensa y otra a sus editores, recriminándoles el maltrato económico que había padecido.
Y es que el entretenimiento de tantos niños y adolescentes proviene del sudor, las lágrimas y hasta la sangre de un Salgari obligado por contrato a escribir cuatro novelas anuales a cambio de un dinero que le resultaba a todas luces insuficiente, firmando a menudo con seudónimo para eludir a las editoriales que le querían en exclusiva. Pero antes de esta «dolorosa profesión», Salgari disfrutó de una libertad maravillosa: cuando muy joven se hizo capitán de barco y navegó hasta las tierras que nutrirían sus mejores narraciones: la India de Sandokan, el sultán destronado, también llamado El Tigre de Malasia, que se enfrenta al invasor británico. Salgari tiene «veinte años y una imaginación demasiado romántica» cuando llega al islote de Mompracem, donde va a conocer al famoso rebelde de «ojos penetrantes», de «mirada hipnótica», que «tenía las cualidades características de los grandes dirigentes: conocía a fondo el alma humana y sabía el modo de dominarla». Salgari idolatra así al apuesto y noble pirata, también a su lugarteniente Tremal-Naik, «un hombre excepcional», y a la joven y bellísima mujer de la que se enamorará de una forma trágica, Eva.
Vengar la muerte
De tal modo que él, un marino independiente, simpatiza con la causa de los Tigres, cuya ferocidad es temida por doquier, y se hace revolucionario, justiciero ante los abusos de los países que pretenden aprovecharse de los indios. No es difícil ver concomitancias con esta vida errante y oceánica y la que protagonizará el caballero Roccabruna en «El corsario negro», el cual quiere vengar la muerte de sus hermanos a manos de un poderoso duque. Salgari es testigo del tiempo en que Inglaterra y Holanda intensifican su lucha contra Sandokán; en las memorias vivimos los peligros, las acciones guerreras, las heridas y las fiebres: episodios reales que se volverán ficticios cuando el escritor haya de regresar y poner tierra entre en el mundo del periodismo y de la literatura.
A recorrer esta vida, esta muerte y estos viajes se ha dedicado Ernesto Ferrero (1938), cuyo «El último viaje del capitán Salgari» publica este mes la editorial Ático de los Libros. Se trata de una novela en la que el escritor y crítico literario turinés recrea la existencia de Salgari a partir de las voces de su entorno: sus hijos, una chica que queda encandilada por él, su médico, un periodista que va a verlo en 1909 y se encuentra con «el retrato del cansancio»... Pero el autor más famoso de Italia no iba a tardar mucho en descansar eternamente, con el gesto simbólico de abrirse el cuerpo reclamando el honor que las calamidades familiares y profesionales le habían arrebatado.
larazon.es | 10-may-2012 01:58
Elogio de la alta cultura
Desde que los poetas de la generación de 1927 nos enseñaron que puede mostrarse idéntica admiración por la lírica hermética de Luis de Góngora que por la maravillosa sencillez de que se adornan los romances tradicionales, sabemos que lo culto y lo popular son conceptos antagónicos pero complementarios, encarados a su recíproca simetría estética. Alrededor de este planteamiento, Mario Vargas Llosa (Arequipa, Perú, 1936) publica «La civilización del espectáculo», libro que recoge, debidamente comentados y cohesionados, algunos de sus más significativos textos aparecidos en Prensa sobre esta temática. Sin rehuir la polémica (muy al contrario, más bien buscándola), el reconocido novelista parte de una radical dicotomía entre ambas manifestaciones artísticas y, actualizando la cuestión, desprecia abiertamente las formas más vulgares de la cultura masivamente divulgada, desvirtuada así en su misma colectivización.
Amarillismo periodístico
Por las páginas de este interesante ensayo desfilan, bajo una implacable mirada adversa, el amarillismo periodístico, los argumentos melodramáticos del folletón telenovelesco, la trascendentalización de las mentalidades «new age», el esnobismo intercultural, la banalización política del erotismo, la esterilidad del conocimiento propiciada por la nueva era internáutica, la instrumentalización sectaria de la información, la miopía inherente a toda excesiva especialización, la ausencia en la enseñanza de todo referente religioso, el rechazo a las representaciones simbólicas de la realidad, la dictadura sociológica que marcan los «best-sellers», el olvido de los clásicos como esencia de una tradición, la problemática economía del ocio creativo o el fracaso contestatario del legendario y ya un tanto lejano mayo sesentayochista, entre otros sustanciosos asuntos con los que Mario Vargas Llosa elabora a la vez un nostágico elogio de la alta cultura, entendida como creación y difusión selecta de la mejor belleza crítica posible.
Las nuevas tecnologías, el acceso intensivo a la información o la apertura de las mentalidades sociales han espectacularizado el arte y, si nuestro novelista prefiere a un director como Ingmar Bergman antes que a Woody Allen, éste profetizaba ya el advenimiento de todo este conflicto en aquel librito de señero título: «Cómo acabar de una vez por todas con la cultura».
larazon.es | 10-may-2012 01:56
( Escaparate )
«Cancionero de la enamorada»
Carmen Conde / Torremozas 86 páginas, 14 euros
Los primeros amores que llegan con la juventud se cuelan en las páginas de quien fuera la primera mujer en entrar en la RAE. La propia Carmen Conde definía este poemario como un «librito sencillo, inocente, nostálgico: de amor». Es la experiencia de la adolescente ante la vida. Unas páginas en las que dibuja «exactamente cómo empecé a ser».
«En el mar hay cocodrilos»
Fabio Geda/Austral 186 páginas, 7,95 euros
Apenas tiene diez años cumplidos, aunque su experiencia, atrapado entre Oriente y Occidente, puede dar para escribir una novela dramática, ésta, precisamente. Nacido en Afganistán y abandonado en Pakistán, Enaiatollah Akbari tendrá que hacer frente a una vida dura, contada en estas amenas páginas con dulzura y una pizca de ironía.
«La opción B»
Pedro Bravo / Temas de Hoy 344 páginas, 19 euros
Dice el periodista Pedro Bravo en su ópera prima que estamos metidos en nuestras vidas convencidos de que no hay otras posibles, cuando afuera nos esperan un montón. Y con esta filosofía plantea esta obra de ritmo trepidante que recorre varios países tras los pasos de Carlos y Marcos y en la que el mundo de la delincuencia está muy presente.
«Frida Kahlo»
Gérad de Cortanze /Paidós 173 páginas, 17 euros
Subtitulado «La belleza terrible», el autor se sumerge en la apasionante vida de la pintora mexicana, llena aún de enigmas que la han convertido en un mito del siglo XX. Desde su nacimiento hasta su último hálito, el volumen analiza quiénes fueron sus amigos, cómo fue su producción o cuál era en realidad su relación con el estalinismo.
larazon.es | 10-may-2012 01:55
En las antípodas de Bart Simpson
Sin duda, la saga del joven aprendiz de abogado Theodore Boone está más cerca del libro juvenil de aventuras que de las fantasías heroicas del aprendiz de brujo Harry Potter. Ambos héroes buscan la ejemplaridad por distintos caminos. John Grisham ha cosechado un enorme éxito con los dos primeros volúmenes de esta saga, centrados en la figura de un niño de 13 años que sueña con ser juez o abogado criminalista y siente una acendrada pasión por el imperio de la ley que salvaguarda el sistema de valores democráticos norteamericano. No es un tema baladí, y menos como lo presenta Grisham, en forma de apólogo moderno sobre la Justicia.
Sin gazmoñerías
En estos libros de «intriga judicial» –especialidad de John Grisham– dirigidos a niños de entre 8 y 13 años, el «thriller» detectivesco gira alrededor de esta obsesión de Theo Boone por los juicios, la indagación policial y el Palacio de Justicia de la provinciana ciudad de Strattenburg, idealización que contrasta con modelos televisivos que muestran la vida familiar de clase media desde una óptica ferozmente crítica, como «Los Simpson» y «Padre de familia», en similares ciudades como Springfield o Quahog. Los padres de Theo son abogados cultos y juiciosos y al igual que profesores y magistrados son retratados sin gazmoñerías, de forma positiva. El sentido de la rectitud, la tolerancia, el respeto a la comunidad y la pasión por la Justicia conforman el horizonte sobre el que se recorta ese mundo idealizado en el que se mueven los personajes de la saga del «niño abogado». En su periferia hay un mundo marginal configurado por familias desestructuradas que cuestionan ese orden «pequeñoburgués» que tan a menudo se ridiculiza asimilado a lo más reaccionario, cuando es difícil entender que alguien ansíe vivir en esa otra fantasía que se retrata en las novelas negras o se ridiculiza, con indudable gracia, en las familias de Homer Simpson y Peter Griffin. Grisham es una narrador magistral, acostumbrado a tejer tramas que atrapan. Theodore Boone es retratado con los elementos justos para singularizarlo y verlo crecer de relato en relato. Lo mismo que la acción de este género de novelas de abogados y juicios, el «legal thriller», en las que prima el suspense, la indagación de joven y el juicio. Esa sencillez, unida a la propuesta didáctica, puede confundirse con simplicidad. La descripción del mundo de Boone, la concisión de los elementos que conforman la trama y la efectividad con la que Grisham la resuelve nacen de un manejo extraordinario de los estilemas de este género, denostado por los amantes del thriller rocambolesco.
larazon.es | 10-may-2012 01:55
Entre Eco e Indiana Jones
Una sucesión de cifras bien pudiera definir parte de esta novela, que reúne todo el encanto de las historias por entregas: cinco años de exhaustiva documentación, diez de prolongada escritura, cuatrocientas entradas distintas de personajes y acontecimientos, setecientas páginas impresas, seis intrigas entrelazadas y una década en busca de editor. En este bosque de excesos, la trama no podía ser menos profusa... De la actualidad al Barroco, con el hilo conductor de un jesuita alemán –Athanasius Kircher– que fue un célebre erudito que dedicó toda su energía a todo aquello que despertó su interés, desde los jeroglíficos a la Geología, la Biología, la Medicina o la Robótica. Esta monumental historia arranca cuando al corresponsal francés afincado en la antigua ciudad del norte de Brasil llamada Alcântara, Eleazar Von Wogau, le encargan editar un desconocido manuscrito del siglo XVII que relata la vida del jesuita. A partir de ese instante todo un mosaico de actores empiezan a imbricarse con la historia principal, llevándonos desde la épica del Barroco a las favelas de la actualidad, donde Nelsol, un muchacho sin piernas, intenta vengar la muerte de su padre. Recalaremos en la expedición de Elaine –la ex esposa de Eleazar–, en la selva de Mato Grosso, descenderemos al infierno de la drogadicción con Moema –la hija de ambos– y nos será presentado el gobernador corrupto de Maranaho.
Una pieza de artesanía
Es, pues, una novela polifónica, donde en cada uno de los treinta y dos capítulos podemos seguir la pista a todos los personajes principales sin perder comba de las hazañas de Athanasius, auténtico corazón de este relato. Un crítico de «Le Figaro» –no sin cierto exceso– dijo que era una revisitación de Umberto Eco, contado por Indiana Jones, con el verbo de Malcolm Lowry, y las bellas estampas de «La reina de África»... Más allá de lo ampuloso del comentario, este relato exuberante es una verdadera selva literaria bellamente compuesta. Una pieza de artesanía que merece la pena.
larazon.es | 10-may-2012 01:55
Orfeo en Israel
S e dan de la mano aquí varios géneros literarios –poesía, acotación teatral, narrativa, autobiografía incluso–, un drama familiar tristísimo, un trasfondo político y bélico que siempre está de actualidad, perpetuamente en conexión con la historia más antigua. Esta audaz obra la firma el ultrapremiado David Grossman (Jerusalén, 1954), conocido por sus actividades en pro de la paz en su tierra. Pero el compromiso del narrador y ensayista israelí para con el fin de la violencia tuvo un reverso terrorífico: en agosto del año 2006, en la Segunda Guerra del Líbano contra la organización chiíta Hezbolá, el tercero de sus hijos, Uri, un militar de veinte años, murió a causa de un misil en una operación de las Fuerzas Armadas de Israel. «Más allá del tiempo» es la respuesta emocional, literaria, a esa pérdida, un viaje órfico emprendido por el padre después de cinco años de ausencia del hijo, un trayecto simbólico donde se combinan versos al modo de tragedia griega, diálogos en prosa que tienen como guía para el lector a un «Cronista», personajes de a pie –«El hombre que camina», «Anciano profesor de matemáticas», «Comadrona», etc...– que también quieren recuperar a sus muertos yendo simplemente «allí», a ese lugar indefinido donde reposan para volver a verlos un momento, sin saber si podrán regresar y cómo.
Los protagonistas son los padres del joven difunto: «… y fuimos / como una casa / en la que poco a poco se apagan / todas las luces», dice el personaje Hombre; «En un instante fuimos arrojados / al destierro», afirma la llamada Mujer. Intentos de expresar una pena imposible de reducir en palabras que forman un libro complejo y largo en exceso, poéticamente irregular pero de gran valentía estética.
larazon.es | 10-may-2012 01:55
Belleza del fracaso
Ramiro Pinilla (Bilbao, 1923) es, junto a Juan Eduardo Zúñiga y José Luis Sampedro, un patriarca de las letras contemporáneas. Alejado de cenáculos literarios o modas pasajeras, ha mantenido durante décadas –recuérdese su trilogía «Verdes valles, colinas rojas»– una temática de sólida reivindicación social, escrita en el castellano pétreo de un vasco barojiano, insobornable. Con «Aquella edad inolvidable» vuelve una de sus más queridas obsesiones: la grandeza moral del fracaso personal. En estas páginas, Souto Menaya, conocido deportivamente como «Botas», ex jugador del Athletic de Bilbao, recordado por un legendario gol en una final de principios de los años cuarenta, retirado del fútbol poco después, es ahora el triste subempleado en una editorial de cromos en los que él figura como aquella leyenda que pudo haber sido.
Más allá de esta desconsolada historia encontramos la crítica hacia los taimados directivos de los clubes, los olvidadizos hinchas, la dimensión política de este deporte, el exigente entorno familiar del jugador o el caprichoso azar, que tanto cuenta en el curso de esa trayectoria vital. La suerte de Souto puede cambiar, ver asegurado su futuro, hacer feliz a los suyos, pero para ello tendrá que claudicar, reconocer su culpa en una dudosa y trascendente jugada: el pasado que vuelve, la ética que debe imponerse. Notable novela de inquietantes dilemas y excelente escritura.
larazon.es | 10-may-2012 01:55
Muere a los 83 años Maurice Sendak, autor de «Donde viven los monstruos»
Sendak, que saltó a la fama en 1963 con la publicación de "Donde viven los monstruos", falleció en Danbury (Connecticut) por complicaciones derivadas de un derrame cerebral, según dijo al diario su editor, Michael di Capua.
Los cuentos de Sendak, que introdujeron al lector en un mundo mágico de grandes riquezas visuales y narrativas, han sido una parte fundamental de la niñez estadounidense desde los años sesenta.
Su obra literaria es amplia, pero Sendak es principalmente conocido por una decena larga de cuentos infantiles que él mismo ilustró, incluido el ya citado título, que en 1964 le hizo ganar la prestigiosa medalla Caldecott y que sigue cosechando éxitos de venta en todo el mundo.
Autor también de "La cocina de noche", Sendak obtuvo igualmente, en 1996, la Medalla Nacional de las Artes, de manos del entonces presidente Bill Clinton, por su vasta obra literaria.
Sendak, según los críticos, sentó escuela, porque nunca limitó su obra a la fórmula convencional, segura y fielmente seguida por otros autores de cuentos infantiles: también presentó al lector el lado más "oscuro" de la psique humana.
Sendak se dio asimismo a conocer por sus imaginativas ilustraciones en obras como "A Hole is To Dig", de Ruth Krauss, o "Osito", de Else Holmelund Minarik.
Además de elogios, algunas de sus obras suscitaron controversia y censura, como es el caso de "La cocina de noche", que en el pasado fue censurado por un desnudo infantil en el que algunos detractores vieron connotaciones eróticas.
A través de su obra, Sendak dejó claro que no le incomodaba romper moldes y tradiciones de la literatura infantil estadounidense. Como prueba, muchos de sus libros incluyen héroes y heroínas que, contra lo que dictaban las convenciones, no eran bien educados sino que podían ser tercos y hasta desagradables.
En el libro "Donde viven los monstruos", que además ha sido adaptado al teatro y el cine, Sendak cuenta la historia de un niño llamado Max que se embarca en un paseo por su propia imaginación después de que su madre le castigue mandándole a la cama sin cenar.
Ya en su habitación, Max se imagina en una extensa jungla poblada por monstruos que inspiran terror, pero al final el niño se comporta con valentía y los vence uno a uno mirándolos fijamente a los ojos sin parpadear. Aunque los monstruos lo coronan como su rey, Max se siente solo y desea regresar a la habitación de su casa, donde le espera la cena, aún tibia.
El libro, un clásico de la literatura infantil, logró un volumen de ventas superior a los 19 millones de ejemplares en 2009, buena parte de ellos en Estados Unidos.
Entre la vasta obra literaria de Maurice Sendak figuran cuentos como "Outside Over There" (1981), "El letrero secreto de Rosie" (1960), "Dídola, pídola, pon!" (1967), y "Minibiblioteca" (1962).
larazon.es | 08-may-2012 16:27
«Chapeau» para Elsner
Corría el nº 10 de la partitura de este monumental oratorio mendelssohniano cuando el barítono inglés Wilson-Johnson dejó inopinadamente de cantar. Transcurrieron unos segundos eternos. Fue entonces, al borde del peligro, cuando surgió la voz del tenor Elsner. Con unos soberbios reflejos continuó, sin pestañear, con una increíble seguridad, cantando la parte de su colega. Afortunadamente, Elsner no es un tenor ligero y, aunque pasó sus apurillos en las notas graves, mantuvo el tipo, sin dejar de cantar su parte.
Con una gran soltura y profesionalidad. Tras la pausa, Kalmar nos explicó que Wilson-Johnson había sufrido una subida de azúcar y que examinado por un galeno, estaba fuera ya de cualquier peligro. A continuación destacó la intervención del tenor; y la de Miguel Ángel Viñé, bajo del coro que se lanzó a cubrir la ausencia en aquellos dos números en los que a Elsner le habría sido imposible desdoblarse.
Gestos magníficos a los que se unió la sensibilidad de orquesta y director para tocar más piano en los pasajes graves de la parte de Elías. Pese a todo el concierto tuvo un alto nivel. Kalmar posee una batuta ágil y desentrañadora, clara y sugerente, y llevó imantados a sus dos grupos. El coro, muy bien preparado por Jordi Casas, domina una obra en la que se alternan los corales estilo bachiano con los grandes coros contrapuntísticos a lo Haendel. Solamente se suprimieron los números 36 y 37. Aunque lo que importa hoy es dar cuenta de este caso de profesionalidad, digamos que Coku, de voz clara, con agudos algo forzados, es muy artista, Peterschamer es sobria y segura y Agúndez cantó bien desde el coro el papel de niño. Pero el protagonista principal fue el muy aplaudido Elsner, buen cantante y músico; eso sí, de timbre ostensiblemente nasal. Y no estaría mal que la próxima temporada se recuperaran los programas de mano; al menos para las obras con texto.
larazon.es | 06-may-2012 23:51
«Cambio 16»: Así que pasen cuarenta años
MADRID- Al igual que durante los años de la Transición en España, en la actualidad vivimos tiempos muy complicados. Una época donde el radicalismo y las tendencias separatistas son habituales. Pero, sin embargo, nada es blanco o negro. Si en el pasado encontramos una idea y un modelo que reflejase el bien común, hoy no debe ser distinto. Sobre esta idea surgió «Cambio 16», una revista que en tono de humor hizo uso de la crítica social y política que vivía nuestro país en los últimos años del franquismo. El periodista y doctor en Comunicación por la Universidad de Navarra, José María Díaz Dorronsoro, recoge en su libro «Cambio 16» (Leer) la historia de este semanal que afrontó la difícil tarea de ejercer el periodismo ante la amenaza de la censura y que cuenta con un interesante prólogo de Alejandro Muñoz- Alonso. «Durante los años del franquismo existía un control férreo sobre los periódicos diarios, en cambio, con las revistas era más laxo, se hacía la vista gorda. Esto perduró hasta que se revocó la Ley de Prensa en España en 1976. Fue cuando los diarios comenzaron a comerle terreno a los semanarios que nunca recuperaron su importante difusión».
Al estilo anglosajón
Lo que hacía única a esta publicación era que «a diferencia de otras revistas de los setenta, que se decantaban por un análisis literario y sesudo de la temática, ofrecía una información al estilo anglosajón. Introdujo la noticia rápida, la herramienta del humor desenfadado y el ingenio», afirma el autor sobre este modelo de prensa que supuso un fenómeno mediático y un referente del periodismo. Una revista que nació con el objetivo de contribuir a la democratización de España. Un país que poseía una sociedad que estaba deseando dejar atrás el franquismo. Se erigió a través del uso de una «postura inteligente, utilizando el posibilismo, viendo cuál era la forma más favorable de actuar sin acudir a los radicalismos. Todo con mucho sentido común», según describe el autor. Algo que en una realidad en la que la Prensa se sitúa continuamente en el punto de mira debe realizarse con extrema precaución. «Los redactores vivían con el alma en vilo, sobre todo cuando se ofrecía una información que no iba a gustar. Pero ellos criticaban sin ser hirientes, zurraban con humor. Eludían la censura dando vueltas al lenguaje. Pero aun así, sufrieron cierres de la publicación. También es verdad que disponían de contactos como Pío Cabanillas que estaban a favor de su mensaje», explica el autor sobre la supervivencia de la publicación.
Unir en vez de separar
La realidad de los medios de comunicación hoy en día es más complicada que en el pasado. En la sociedad del entretenimiento e internet en ocasiones se pierden valores que se dan por sentado que existen en esta profesión. Y lo hacen, casi siempre, para favorecer esa tendencia a dejarse llevar por las audiencias, que son las que marcan o modelan actualmente la radio, la televisión o la Prensa. «Hoy en día los medios tienen que recuperar todo lo que nos une y no lo que nos separa. Ya no se trata de ser de izquierdas o de derechas, sino de saber qué política se debe aplicar en cada momento», asegura Díaz Dorronsoro.
larazon.es | 06-may-2012 23:51
Pérez-Reverte desvela algunas incógnitas de su nueva novela
En la primera entrada en esta web, Pérez-Reverte desvela a sus seguidores algunas incógnitas sobre su nueva obra: "Seguirán en los próximos meses, sin método ni periodicidad fija, algunas de mis notas breves sobre el trabajo en curso. Se trata de una novela no histórica, empezada el 7 de enero de 2011 (aunque su origen sea muy anterior), que poco a poco parece encaminarse a su recorrido final".
Gracias a este proyecto sus lectores ya saben que esta nueva novela "es la historia de una historia de amor, entre otras cosas" protagonizada por un hombre y una mujer que se encuentran tres veces en su vida: en Buenos Aires (Argentina) en 1928; en Niza (Francia) en 1937; y en Sorrento (Italia) en 1966.
"Básicamente es una historia de amor. Peligrosa y turbia, creo. Un hombre y una mujer se encuentran tres (breves) veces en su vida. Una aventura que empieza en 1928, sigue en 1937 y termina en 1966. O eso creo. Salvo que se me cruce algo que lo complique más. Cosa que, a estas alturas, me parece improbable. Supongo que se sostendrá esa estructura de trama hasta el final. Compleja, porque no es trama lineal. Hay saltos atrás y adelante en la acción. Eso hace necesaria una carpintería cauta. Unos 250 folios escritos hasta ahora. Buen ritmo. No me quejo."
Según explica la editorial Alfaguara con este proyecto, Pérez-Reverte trata únicamente de compartir con sus lectores algunos aspectos que él considera curiosos o interesantes en el proceso de escritura de una novela.
"Esto no responde a un plan sistemático, sino que será una sucesión de notas informales que, con el tiempo, pueden constituir un material interesante para algunos lectores", concluye Pérez-Reverte.
Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951) fue reportero de guerra durante veintiún años y es autor, entre otras novelas, de El húsar, El maestro de esgrima, La tabla de Flandes, El club Dumas, Territorio Comanche, La piel del tambor, La carta esférica, La Reina del Sur, Cabo Trafalgar; Un día de cólera, El Asedio y de la serie histórica Las aventuras del capitán Alatriste, de la cuál su último libro es El puente de los Asesinos. Es miembro de la Real Academia Española.
Con más de quince millones de ejemplares vendidos en todo el mundo y traducido a 34 idiomas, Arturo Pérez-Reverte tiene uno de los catálogos vivos más destacados de la literatura actual.
larazon.es | 06-may-2012 19:25
La RAE revive los clásicos
Asegurar que el «Lazarillo de Tormes» está escrito en «lenguaje Twitter» parece una osadía. O que «La Dorotea» «es el reproche de Lope de Vega a su ex amante Elena Orosio, con la que tuvo una relación de 4 años, eso sí, muy apasionados», una reflexión típica de la psicología de café. O plantear que el amor que profesaba Calixto a Melibea en «La Celestina» «era fruto del deseo erótico», un comentario de una telenovela. Pero no. Todas ellas proceden de académicos de la lengua que reflexionan sobre la Biblioteca Clásica de la RAE «desde la inocencia del lector medio y abandonando su papel de expertos», según Francisco Rico, director de la colección, una iniciativa de la Obra Social «la Caixa». Estos tres títulos indispensables junto con «Historia verdadera de la conquista de la Nueva España», de Bernal Díaz del Castillo, que se acaban de presentar se unen a los cuatro ya publicados. Fue Darío Villanueva el que conectó la red social del pájarillo azul con la obra precursora de la novela picaresca y con el fallecido Antonio Mingote. «Al igual que una de las publicaciones en las que colaboró, «Lazarillo de Tormes» también es una novela audaz para el lector inteligente», explicó. Fue inevitable que el análisis erudito saliera a relucir en algunos momentos del debate literario: «Aunque toma su nombre de un río, es opuesta a la denominada novela río, ya que está llena de vacíos que nosotros al leerla tenemos que llenar», añadió.
Admiración
Soledad Puértolas fue la encargada de destripar «La Dorotea», que reconoció que no había leído hasta que le llegó el encargo. «Es una obra sobre los hombres y las mujeres que están en permanente lucha». No pensemos por ello que la escritora no se rinde de admiración ante el estilo de uno de los mejores autores del Siglo de Oro. «Al principio no entendí cómo iba a conjugar las tramas y los personajes. Pero es Lope, el rey de la comedia, de la poesía». Goytisolo hizo lo propio con «Historia verdadera de la conquista de la Nueva España», que Bernal Díaz escribió indignado tras leer la encargada por Hernán Cortés a Francisco López de Gómara. «Su autor no es un escritor, es un soldado. La verosimilitud que transmite es insólita, no oculta nada: ni los desmanes de los españoles, sobre todo en lo referente al canibalismo, ni los de los indios».
Clubes de lectura
Para que este patrimonio no se convierta en un plato sólo del gusto de eruditos, la Real Academia Española pondrá en marcha clubes de lectura para disfrutar de estos clásicos. Aunque todavía no conocen las fechas de sus inicios, Francisco Rico aseguró que «se pondrán en marcha en los próximos meses». Para acceder, sólo será necesario portar el libro de la colección que se discuta durante esa jornada.
larazon.es | 04-may-2012 13:19
La última borrachera «beat»
Aún resuena el «Aullido» de Allen Ginsberg, muchos siguen «En la carretera» junto a Jack Kerouac, sintonizando con la generación «beat». El tiempo no ha pasado por ellos, o ha pasado agasajando su valentía estética, su atrevimiento social, convirtiéndolos en clásicos modernos. Aquella juventud de los cincuenta y sesenta que iba a vivir el movimiento hippy, a contemplar el fenómeno del «nuevo periodismo» en el que la noticia se convertía en literatura y a protagonizar manifestaciones antibélicas, se identificó con el protagonista de la novela de Kerouac, con el poema de Ginsberg. Esa juventud no ha envejecido, pues cada generación presta atención a sus escritores, y a William Burroughs, pero también a Gregory Corso, Lawrence Ferlinghetti y Peter Orlovsky. Los estudios académicos, las traducciones y el material inédito publicados atestiguan el interés.
Alucinados e inquietos
Jesús Aguado, en el prólogo a una antología de Ferlinghetti, «Manifiesto populista y otros poemas» (2005), habla de esa «generación de inconformistas, de inquietos, de alucinados, de trashumantes, de desubicados». Así fue: generación literaria, pero también moral, como la califica el poeta. Un grupo de soñadores que bien podrían haber firmado la frase de «Los vagabundos del Dharma», de Kerouac: «Feliz. Solo con mis pantalones cortos, descalzo, el pelo alborotado, junto al fuego, cantando, bebiendo vino, escupiendo, saltando, correteando –¡esto sí que es vida!–. Completamente solo y libre». Ahora esta vida libre, esta filosofía de comportamiento –detenida a veces por ingresos en la cárcel, temporadas en manicomios, alcoholismo–, se respira en la correspondencia entre Kerouac y Ginsberg (dos terceras partes era inédita) traducida por Antonio-Prometeo Moya. Éste mejora la labor de los editores del libro, Bill Morgan y David Stanford, añadiendo notas necesarias para la asimilación del contexto temporal, años 1944-1969, y espacial, Nueva York, San Francisco, México, Tánger…
Los que acudan a estas páginas verán reflejados los valores e incertidumbres ya puestos de manifiesto en las obras de ambos autores. Pero para el que no profese una especial predilección por los «beat», será un tedioso cruce de cartas que colinda con lo egocéntrico, elucubraciones metafísicas y victimismos (Kerouac) o con experiencias místicas (Ginsberg). Por algo este dice: «La verdad es que estamos locos y no es broma» (1952). Kerouac reconoce su neurosis, deja traslucir su anhelo por tener una figura paterna, habla de sus novias, de sus borracheras, de su pasión por Dostoyevski, y la fama lo fulmina al final de su vida, cuando se aparta de todo contacto con los fans. Ginsberg abandonará los psiquiátricos y devendrá un icono de la cultura alternativa con sus recitales y carisma enloquecido.
Caminos convergentes que acaban por divergir, unidos por la admiración y un amor fraternal: «Te quiero, eres un gran hombre, un gran niño pequeño en mi imaginación, lleno de tonterías pero inocente de estar lleno de tonterías» (mayo de 1954), le dice Kerouac a su amigo. Y años más tarde: «Técnicamente eres sin duda el mejor escritor del mundo» (21-I-1958). Ginsberg explica que ha tomado la senda de la escritura automática de Kerouac al escribir «Aullido»: «Me salió con tu método, sonaba a ti, una imitación prácticamente. Qué avanzado estás en esto. Yo no sé qué hacer con la poesía. Necesito años de aislamiento y escribir sin parar todos los días para alcanzar tu volumen, tu libertad y conocimiento de la forma» (25-VIII-1955).
Las dudas del ego
Kerouac cuenta cómo escribió «Doctor Sax» «cargado de hierba, sin detenerme a pensar, a veces entraba Bill [Burroughs] en la habitación y el capítulo terminaba allí» (8-XI-1952). El escritor de Massachussets admite no estar satisfecho con su poesía, pero se consuela: «Mi poesía es versos en prosa» (26-X-1954); antes se había comparado con el «Ulises» de Joyce cuando comenta que «En el camino»: «debería enfocarse con la misma seriedad» (18-V-1952), ya que «ese río de lenguaje» es «pura inspiración». Con todo, al comienzo ambos se cuestionaron –«¿Qué soy? ¿Qué busco?», dice Ginsberg en la primera carta–, pero al final lograrían encontrar la voz que se iba a mantener, aún hoy, joven y transgresora.
larazon.es | 03-may-2012 00:53
( Escaparate )
«Se armó la de San Quintín»
Nieves Concostrina / Esfera. 487 páginas, 17,95 euros
Su anterior libro, «Menudas historias de la Historia», vendió 400.000 ejemplares y se convirtió en un éxito. La autora regresa con un puñado de anécdotas nuevas y divertidas protagonizadas desde reyes hasta artistas; desde obispos a eminentes políticos o inventores. Un repaso a nuestro pasado por la orilla del suceso pequeño, menudo, pero que siempre ilumina a los gigantes que han hecho nuestro pasado.
«Los solteros»
Muriel Spark/Impedimenta. 280 páginas, 19,23 euros
Londres es la gran ciudad de los solteros. O así la ve Muriel Spark en este libro, una obra amena, muy «british», salpicada por una serie de personajes estrafalarios, elegantes, como un falso párroco, un detective, un profesor y un abogado, entre otros. Unas vidas que se verán alteradas con la llegada de un médium que terminará arrastrándolos hacia el mundo de las estafas, los robos y los chantajes.
«El hombre que gritó...»
Roberto de Paz / Fahrenheit 451. 360 páginas, 17.5 euros
Un asesinato, el de su esposa, es el desencadenante de una búsqueda. Matías decide trasladarse a la ciudad de los rascacielos para averiguar quién es su padre e indagar en las raíces familiares, y lo que encuentra es un mundo muy diferente. A través de esa senda emprendida irá topándose con aspectos como la crisis, el impacto de las leyes de la termodinámica en la sociedad o un proyecto utópico muy extraño.
«El instinto del lenguaje»
Steven Pinker /Alianza editorial. 528 páginas, 25,90 euros
Este volumen es un clásico. Una herramienta fundamental para comprender algunas preguntas básicas: cómo funciona el lenguaje, cómo se aprende, modifica y evoluciona. El autor llega a una conclusión: el lenguaje forma parte de la evolución humana. Es algo inherente al cerebro, pero que también ha cambiado a lo largo de los siglos. Un libro que revela las conexiones entre la lengua y la mente.
larazon.es | 03-may-2012 00:49
Apariencias que engañan
Ya en «La cena» plasmaba de forma hábil el universo de las apariencias y la peligrosa autopista suicida en que puede derivar la adolescencia. En esta «Casa de verano con piscina» regresa a la carga con la misma munición para abundar en las instituciones centrales de las clases acomodadas europeas: el matrimonio, la familia, las relaciones paternofiliales, la falsedad, el reverso tenebroso del ser humano. Plantea el autor grandes dilemas éticos hasta llevar al lector a interrogarse sobre si debe prevalecer el instinto de protección o la lealtad a las normas que garantizan la cohesión social. No en vano es un moralista ingenioso a quien le fascina la inmensa capacidad del hombre para sorprender a sus allegados cuando evidencia su vertiente sombría
La decadencia
Este Koch es, si cabe, mejor que el de «La cena». La narración arranca «in media res» planteándonos numerosos interrogantes que el «flash-back» sabrá solucionar a su debido tiempo y de modo perfectamente dosificado. Marc Schlosser es un médico de familia que se protege de su profesión –y la decadencia del cuerpo– con fuertes dosis de cinismo. No es un buen galeno, sólo uno que cubre sus carencias profesionales con el subterfugio de dedicar más tiempo a sus pacientes para que se sientan mejor atendidos. Un día entra en su vida –y su consulta– un famoso actor, con dos hijos adolescentes como él, que le invitará a pasar unos días de verano en el sur de Europa, en su casa con piscina. Las dos familias vivirán jornadas de estío bajo la canícula hasta que un grave incidente cambiará la sus pautados universos....
Borda Koch aquello de meterse en los zapatos del lector y jugar con sus prejuicios como un malabarista con muchas pelotas en el aire. Y lo consigue, sembrando confusión con pistas falsas y dilatando el nudo de lo que sucedió exactamente hasta llegar a impacientarnos. Por resumirlo sucintamente, podríamos decir que arrancan las páginas al más puro estilo de Flaubert, para concluir con el nervio de Tobias Wolf, pero, si cabe, de un modo más sutil e insidioso. Hay escritores que requieren un lector cómplice –el «lector hembra» por el que clamaba Cortázar– dispuesto a sumergirse en la naturaleza de una búsqueda hasta la grieta de la emoción. Este holandés es uno de ellos.
larazon.es | 03-may-2012 00:48
Un cadáver flota en el lago
Más que la típica novela policiaca que busca encontrar al asesino, la saga de la fiscal Rebecka Martinsson indaga en su piscología y en las causas que lo motivan. Éstas se encuentran en un pasado que se remonta a un trauma de infancia insuperable y a una acción oscura de unos padres violentos que debe permanecer oculta. «Cuando pase tu ira», de Asa Larsson, es una novela negra en la línea de los autores polares, muchos marcados por la nostalgia, el costumbrismo, la mala conciencia y la ausencia de sentimentalidad.
Un volcán bajo el hielo
La novela negra se ha convertido para ellos en un marco referencial donde contar historias personales en un entorno plácido e idílico en el que estalla una violencia desusada. Como si las tierras del círculo polar ártico, donde Larsson sitúa la acción, escondieran bajo su frialdad un depósito de ira violenta y furia vengadora que al surgir remueve hasta los cimientos de la sociedad. Con una especial inquina a la familia, cuna donde se mecen los más siniestros instintos criminales, y la represiva secta luterana.
Está en la esencia de los thrillers de Mankell, Stieg Larsson y Theorin, y de sus protagonistas apesadumbrados, de raigambre bíblica, que tratan de resolver sus problemas personales y ajustar cuentas con su pasado volcándose en unos casos policiales que afectarán a la familia, su estructura social y la mala conciencia de su pasado «tolerante» con los nazis.
En Larsson prima el costumbrismo, no sin ciertos toques mágicos, que trata de forma natural y con intención poética: el narrador es interrumpido por una primera persona muerta, enlace entre el mundo de los vivos y la naturaleza polar que marca sus caracteres., recurso que fue utilizado por Billy Wilder en «El crepúsculo de los dioses» (1945). Aquí es la voz de quien se sabe muerta pero mal enterrada y clama justicia al oído de la fiscal Martinsson. Frente a la inspectora más conservadora Anna-Maira Mella, la fiscal es la heroína absoluta, la «macho alfa» independiente que se busca a sí misma en un entorno rural y se realiza al confrontarse con la violencia de la naturaleza. El precio a pagar es la soledad y un amante que aparece en el relato sin otra función que ser el reposo de la heroína. Inversión de ciertos estereotipos que van ganando terreno. «Cuando pase tu ira» es un canto a la épica femenina y su forma de enfrentarse a una sociedad como la sueca atrapada entre la iglesia luterana y la violencia machista. Y nada mejor que el canto a la naturaleza para enmarcar a estas nuevas detectives polares.
larazon.es | 03-may-2012 00:48
Poemas de la memoria
Con su poemario «El muro de Berlín» (2003), Joaquín Marco (Barcelona, 1935) profundizaba decisivamente en los caracteres de un definido estilo: neorromanticismo crítico, distanciada nostalgia, narratividad coloquial, elogio de la cotidianidad, contenida meditación sobre la existencia, persistente rebeldía íntima y una soterrada ternura no exenta de cierto escepticismo. Ahora, en «Variaciones sobre un mismo paisaje» –con un esclarecedor prólogo de Jordi Gracia–, refuerza estas obsesiones e incentiva el protagonismo de la sentimentalidad evocativa, la fuerza de la experiencia amorosa, el valor moral del exabrupto o la importancia de la individualidad, el tiempo y la memoria. Es éste un libro de replanteamientos: «Atravesamos el puente del yo al nosotros/y hemos regresado de nosotros al yo», retornos: «Aquel regreso parece el espejismo de lo que anticipaba: mediocridad, silencio, transición al ab-surdo», transgresiones: «Al niño amor rebánale el pescuezo», y destempladas, entrañables actitudes: «No estoy para sermones./Ni para darlos (que me perdonen) / ni para recibirlos». Sin olvidar la presencia de asuntos tan variados como los bombardeos de la castigada infancia, la problemática definición de la felicidad, las vivencias universitarias, la cárcel por motivos políticos, Barcelona como referente íntimo, la fugacidad de la vida o el de-sencanto del compromiso.
«Variaciones» sobre el paisaje de un balance personal, de resonancias autobiográficas, pero solidariamente colectivo y cómplice con un avisado lector. El tono poético resulta ser en ocasiones paródico, de trascendentes anécdotas o francamente demoledor, pero siempre con el contrapunto cercano y emotivo de la mejor lírica de la experiencia. Sobre la función de la estética y el concepto mismo de lo poético podemos leer: «Poesía es realidad,/a la pata la llana,/sin más recurso/ que el recuerdo/de lo que ya se vivió». Toda una proclama reivindicadora de aquella «palabra en el tiempo» machadiana que, más vigente que nunca, resuena en los versos de este excelente poemario.
larazon.es | 03-may-2012 00:48
Maldito autor, maldito manicomio
Llega ahora al lector español la traducción de esta amalgama de biografía y ficción que escribió en 1968 el novelista norteamericano Frederick Exley. Titulada en inglés «Notas de un fan. Una biografía de ficción», se ha traducido como «Desventuras de un fanático del deporte» porque, efectivamente, lo que nos contó en esta novela, una personalidad compleja y desventurada, es cómo el hijo de un famoso deportista, al que pone su mismo nombre, no se adapta a la vida ramplona de los Estados Unidos de los cincuenta, y lo mismo trabaja en publicidad, que es internado en manicomios o permanece borracho gran parte del tiempo, siendo devoto del equipo de los Gigantes y siguiendo a un deportista como su fan casi religioso. Prácticamente lo mismo que le sucedió al propio Frederick Exley, escritor que fue internado también en manicomios.
Novela/biografía (al estilo de «El troquel», de T. E. Lawrence), dotada de humor y de horror, permitirá al lector no sólo conocer facetas de la vida de Estados Unidos antes de los cambios de los setenta, sino la génesis de la llamada «literatura sucia», de Bukowski a Miller.
En la novela hay un capítulo (el que va de la página 84 a la 131) dedicado la estancia del personaje en un psiquiátrico de imprescindible lectura y que curiosamente guarda un cierto paralelismo con la novela de Ken Kesey («Alguien voló sobre el nido del cuco», que dio argumento a la famosa película) publicada en 1962. Dos visiones semejantes de una generación maldita.
larazon.es | 03-may-2012 00:47
El diablo Nick
Para muchos, la música popular, es decir, el rock & roll, no merce consideración entre las artes. Para otros, ensayistas de nuevo cuño, la creación que se practica con guitarra, bajo y batería es la más sublime forma del siglo XXI. Por una razón: en ninguna otra disciplina encontrarán un público con semejante compromiso emocional, intelectual, estético y –atención– moral por sus gustos, sus principios, en suma, su canon. Las revistas musicales serían los hagiógrafos de la modernidad, aunque, la verdad, no puede decirse que un tipo como Nick Cave merezca una asignatura en la universidad.
Sobre él pesan acusaciones de misógino, drogadicto, paranoico... y todas quedan confirmadas en este libro, que recopila más de 30 años de entrevistas. Hoy, el australiano es un padre que puede pagarse los trajes y un creador respetado. Pero el relato del cara a cara con él obliga a contener el aliento. Ante la periodista Antonella Gamboto se presenta con sangre en el antebrazo justo al salir del baño; a Matt Snow le llama «imbécil» y a Jack Barron trata de sacarle un ojo. Cave es un chico de escuela privada con personalidad depresiva que consumió demasiada heroína. «Todo me hace sentir triste», asegura. Es un amante abandonado y un borracho rencoroso. Desea la muerte a sus fans, padece «déficit de humanidad». Seis procesos de rehabilitación de drogas son todas las vidas de un gato. Está gastando la última. Suerte al santo pecador.
larazon.es | 03-may-2012 00:47
La RAE revive los clásicos
Asegurar que el «Lazarillo de Tormes» está escrito en «lenguaje Twitter» parece una osadía. O que «La Dorotea» «es el reproche de Lope de Vega a su ex amante Elena Orosio, con la que tuvo una relación de 4 años, eso sí, muy apasionados», una reflexión típica de la psicología de café. O plantear que el amor que profesaba Calixto a Melibea en «La Celestina» «era fruto del deseo erótico», un comentario de una telenovela. Pero no. Todas ellas proceden de académicos de la lengua que reflexionan sobre la Biblioteca Clásica de la RAE «desde la inocencia del lector medio y abandonando su papel de expertos», según Francisco Rico, director de la colección. Estos tres títulos indispensables junto con «Historia verdadera de la conquista de la Nueva España», de Bernal Díaz del Castillo, que se acaban de presentar se unen a los cuatro ya publicados. Fue Darío Villanueva el que conectó la red social del pájarillo azul con la obra precursora de la novela picaresca y con el fallecido Antonio Mingote. «Al igual que una de las publicaciones en las que colaboró, «Lazarillo de Tormes» también es una novela audaz para el lector inteligente», explicó. Fue inevitable que el análisis erudito saliera a relucir en algunos momentos del debate literario: «Aunque toma su nombre de un río, es opuesta a la denominada novela río, ya que está llena de vacíos que nosotros al leerla tenemos que llenar», añadió.
Admiración
Soledad Puértolas fue la encargada de destripar «La Dorotea», que reconoció que no había leído hasta que le llegó el encargo. «Es una obra sobre los hombres y las mujeres que están en permanente lucha». No pensemos por ello que la escritora no se rinde de admiración ante el estilo de uno de los mejores autores del Siglo de Oro. «Al principio no entendí cómo iba a conjugar las tramas y los personajes. Pero es Lope, el rey de la comedia, de la poesía». Goytisolo hizo lo propio con «Historia verdadera de la conquista de la Nueva España», que Bernal Díaz escribió indignado tras leer la encargada por Hernán Cortés a Francisco López de Gómara. «Su autor no es un escritor, es un soldado. La verosimilitud que transmite es insólita, no oculta nada: ni los desmanes de los españoles, sobre todo en lo referente al canibalismo, ni los de los indios».
Clubes de lectura
Para que este patrimonio no se convierta en un plato sólo del gusto de eruditos, la Real Academia Española pondrá en marcha clubes de lectura para disfrutar de estos clásicos. Aunque todavía no conocen las fechas de sus inicios, Francisco Rico aseguró que «se pondrán en marcha en los próximos meses». Para acceder, sólo será necesario portar el libro de la colección que se discuta durante esa jornada.
larazon.es | 02-may-2012 01:34
Jorge Herralde: «Si las librerías desaparecen tendremos un problema»
Uno va haciendo catálogo desde niño, con las lecturas primeras, que es cuando la memoria empieza a amueblarse de nombres, títulos, historias. Jorge Herralde entró en la literatura por la puerta del humor británico, que es un humor que apela a la inteligencia, a la complicidad de la sonrisa y no a la barbarie de la carcajada. Comenzó a hacerse editor, quizá sin darse cuenta, con los relatos de Richmal Crompton y Woodhouse, que enseguida asentaron en él una anglofilia sutil, una afinidad hacia lo «british» que dejó clara en 1969, cuando fundó Anagrama para dedicarse a publicar libros en un país abundante en carencias y donde la censura aún era un oficio. «Para celebrar el 40 aniversario del sello compilé en un volumen los mejores textos de humor inglés», recuerda. Y desde Inglaterra le ha llegado precisamente un reconocimiento inesperado, el Premio Lifetime Achievement, que concede la Feria de Londres junto con la Publishers Association. Después de Antoine Gallimard, Jorge Herralde es el segundo editor fuera del mundo anglosajón en obtener la distinción y el primero que lo recibe en el ámbito español.
-¿Sorprendido?
-Es un premio a la permanencia (risas) y a un catálogo. Estoy orgulloso de estos autores que, a veces, hemos publicado en circunstancias poco amables, desde la época del franquismo hasta la actual competencia con los grandes grupos que poseen más recursos.
-Su apuesta es diferente.
-Es la del ensayo y la calidad literaria, que ahora están penalizadas en un mercado que cada día tiende más a la banalización y la frivolidad. Aunque todavía es posible hacer el trabajo editorial con las premisas de hace años. Hay que trabajar más, pero es posible.
-Los escaparates de las librerías cada vez son más parecidos.
-Es una tendencia. Se debe a la crisis. Incluso las que tienen una marcada tendencia cultural. Ante la escasez de ventas, buscan una mínima rentabilidad para sobrevivir. Pero continúa habiendo librerías importantes, como Antonio Machado en Madrid, o La Central, en Barcelona. Y en muchas ciudades hay una o dos que alimentan el fuego sagrado. La crisis que azota lo hace todo más difícil y que esta política cultural sea heroica.
-¿Qué le preocupa de la crisis?
-Las librerías. Es el eslabón más frágil. Es aquí donde tendremos un problema si desaparecen. El Gobierno debería tomar medidas para apoyarlas, aunque no sé si está por la labor.
-¿Y cómo afecta al escritor?
-Vivir de los libros, durante muchos años, décadas, era atípico. Goytisolo, Aldecoa, Martín Gaite y los escritores de los primeros sesenta vendían sólo unos miles de ejemplares. Pero estaban organizados. Trabajaban en ministerios o tenían otras formas de vida. En los ochenta hubo una explosión cultural con lo que se llamó el «best-seller» de calidad. Milan Kundera, Javier Marías y otros vendían mucho. En las últimas décadas había infinidad de actividades paraliterarias, como encuentros, becas, concursos, anticipos y actividades para poder vivir como escritores. Los recortes han afectado a esas actividades. Como lo del Premio Torrevieja, que era un disparate, casi un producto de la burbuja inmobiliaria. Eso ha disminuido. Los escritores, igual que el resto, ahora se tendrán que poner las pilas.
-¿Y la salida de la crisis?
-Siempre se ha dicho que el libro era un valor refugio, pero la crisis también ha llegado a este sector. Es absurdo hacer un pronóstico. Las noticias diarias son pésimas y contradictorias.
Toda presentación necesita un glosador, alguien que minie la figura, y, en la entrega de este premio, quien retrató a Herralde fue el escritor Adam Thirlwell. «Es uno de los editores más seductores y maliciosamente divertidos», subrayó. Pero, Thirwell, consciente de que todo hombre también es su trabajo, se apresuró a apuntar: «Anagrama representa una meticulosa antología de la literatura mundial».
-¿Qué opina del precio fijo?
-La crisis actual es pavorosa. En estos años, el precio fijo ha sido un dique para detener la marea de la banalización y el «best-seller» puro y duro. Hace once años se quiso romper, aunque nos amotinamos en Madrid y Barcelona. Todos los editores independientes, pero también José Manuel Lara, en defensa del precio fijo, y aparcaron este deseo. Tenemos el ejemplo de EE UU y Gran Bretaña, que lo abandonaron ,y la diferencia del paisaje literario cambió. Han desaparecido librerías y grandes cadenas. En el proceso de descuentos desorbitados todos perdían dinero. Varios estudios demuestran además que los libros se han encarecido más en Inglaterra que en Francia y España. El resultado final de esa política es malo y no sólo en el plano cultural.
-¿Cuál fue la consecuencia?
-Con el precio libre la tendencia es publicar los libros con mayores rotaciones, que algunas veces son buenos, pero otros son de escaso valor cultural. Esto se ha frenado en Europa con el precio fijo. La realidad es elocuente. En Estados unidos ha sido una catástrofe. Han dejado de existir librerías y cadenas.
-Eso no ha sido bueno para nadie.
-Eso ha sido bueno para Amazon, en todo caso.
¿Aún queda bolaño?
Lo reconoce. Desde hace dos años ya no tiene acceso al archivo literario de Roberto Bolaño. «Aún existe mucho material inconcluso que no está carente de interés, pero libros terminados, creo que no quedan más», dice Herralde.
El detalle
OBJETIVO, EE UU
Es el deseo de todas las editoriales. Pero se trata de un mercado difícil. «Es un milagro entrar –dice Herralde–. Incluso para un autor británico, triunfar en EE UU es complicado. Bolaño fue un caso único en la lengua española. Todas las editoriales que en mayor o menor medida desembarcamos hemos obtenido resultados no esperanzadores. Hay millones de hispanos, pero muchos, en cuanto empiezan a ascender en la escala social se pasan al inglés, incluso como lectores», asegura.
larazon.es | 02-may-2012 01:33
Pippi, de tiros largos
Hace ahora justamente diez años moría la escritora sueca Astrid Lindgren (de soltera, Astrid Ericsson), un nombre que para la casi totalidad del público será desconocido. Pero si hablamos de su personaje Pippi Långstrump (Calzaslargas en España, o Mediaslargas en América Latina) todo cambia diametralmente. ¿Quién no vio, en los años setenta en la televisión, a la excéntrica y pecosa Pippi, con sus dos trenzas pelirrojas desafiando a la gravedad, acompañada de su caballo a lunares, denominado «Pequeño tío», y su mono tití, al que llamaba «Señor Nelson»?
Una isla recóndita
Aquello fue la plataforma para que este personaje célebre en Suecia se hiciera universal. Rodada en 1969, y con guiones de la propia escritora, la serie lanzó al estrellato a la actriz Inger Nilsson –quien, vencida por el personaje, sólo prosiguió con una pequeña carrera en las teles escandinava y alemana– y puso en el mapa la recóndita isla de Gotland, cercana a Letonia, en una de cuyas coloridas casas se grabaron los episodios (la niña vive sola con sus mascotas, en la Villa Mangaporhombro). Por otra parte, los libros de Pippi inspirarían ocho largometrajes en su país, de 1949 a 2001, y adaptaciones teatrales por doquier; la última, el musical que el Teatro Condal de Barcelona ha ofrecido estos últimos días.Todo empezó como muchas veces ocurre en el ámbito de la literatura infantil: una niña empujó la imaginación de su madre unos cuantos días para que le contara un cuento aprovechando una convalecencia por enfermedad. «Pippilotta Delicatessa Windowshade Mackrelmint», dijo Karin, de siete años, a modo de desafío; así se llamaría el personaje que iría cobrando forma para acabar conociéndose por su hipocorístico Pippi: una chiquilla huérfana de madre e hija de un capitán de barco –dice que la primera es un ángel que está en el cielo y el segundo es el rey de los caníbales–, concebida en 1941 y que, cuatro años después, aparecería en forma de libro tras ganar un premio literario.
Ahora, la joven editorial barcelonesa Blackie Books reúne tres libros de relatos que Lindgren publicó en 1945, 1955 y 1956, «Pippi Calzaslargas», «Pippi se embarca» y «Pippi en los Mares del Sur». Un libro traducido por Blanca Ríos y Eulalia Boada que cuenta con una colaboración de lujo: la portada, obra de la prestigiosa autora de cómics y cineasta estadounidense Lili Carré (1983). Es la puerta de entrada a un volumen divertido e irreverente que, como el primer día, aún despertará la risa de los lectores más pequeños, pues presenta situaciones que están en los antípodas de la corrección social estándar y la pedagogía convencional. Pippi es la estampa del caos, de la improvisación, de la falta de orden, lógica y hábitos sensatos. En contraste con sus amigos Tommy y Annika, «buenos, educados y obedientes», Pippi, cuando se digna a ir a clase, no hace más que cuestionar a la maestra con su humor surrealista y se inventa mentiras como una experta contadora de fábulas; cocina en el suelo, limpia su casa con cepillos en los pies tras volcar un barreño de agua y se jacta de ser la niña más fuerte del mundo.
Aparte del anecdotario desternillante que ofrecen los disparates de Pippi, Lindgren replantea los límites que imponemos a los niños y reivindica su independencia y libertad de pensamiento. En sus últimos libros, también llevados al cine, analiza sutilmente los vínculos que se establecen entre adultos y niños, y no evita abordar un asunto tan delicado como la muerte. Mujer decidida y de ideas feministas, había recibido un ejemplo educacional impagable: sus padres, ya enamorados desde niños, le dieron una infancia placentera en una granja del sur de Suecia. En 1924, con sólo diecisiete años, empezó a trabajar en un periódico de la ciudad de Vimmerby y luego se trasladó a Estocolmo para estudiar taquigrafía. Allí fue madre soltera antes de cumplir los veinte, e incluso dejó a su hijo con una familia de acogida tres años.
Su suerte cambió en 1931, cuando se casó con el jefe de la empresa en la que trabajaba y empezó a publicar textos breves en diversas revistas, hasta que por fin debutó con el libro «Cartas de Britta Mar» en 1944, en una colección editorial que dirigiría durante décadas. Poco después, su segundo hijo, la pequeña Karin, enferma en la cama, sería la privilegiada oyente de las primeras aventuras de Pippi Calzaslargas: la iconoclasta por excelencia de las letras infantiles, la niña que se hizo su propio vestido amarillo, lucía largas medias y calzaba zapatos el doble de grandes que sus pies.
En la única entrevista que concedió Stieg Larsson, el celebérrimo autor de la trilogía «Millenium», muerto prematuramente de un ataque al corazón en 2004, señaló a Pippi como la fuente de su heroína Lisbeth Salander. «Pensé en Pippi Calzaslargas… ¿Cómo sería hoy en día? ¿Cómo sería si fuera adulta? ¿Cómo llamaríamos a una persona como ella… una sociópata? ¿Hiperactiva? No, no creo. Simplemente vería la sociedad con una luz diferente. Decidí hacerla veinticinco años mayor, y la convertí en una “marginada” social. Sin amigos, y con ciertas deficiencias en el terreno social. Recuerdo que eso fue lo primero que pensé a la hora de crear a Salander».
El escándalo
Por otra parte, Larsson se inspiraría en otro personaje de su compatriota, el niño detective Kalle Blomkvist, para la invención de otro de sus personajes: el periodista de investigación, de cuarenta y cinco años, Mikael Blomkvist. Con sus historias, varias generaciones de niñas tuvieron una vida más allá de su cotidianidad familiar y escolar, tan rígida en cuanto a sus patrones de comportamiento –de hecho, «Pippi» escandalizó a padres y profesores, aunque tal cosa permitió salir de la bancarrota a la editorial que apostó por ella–; un entretenimiento que no sólo divirtió a raudales sino que dejó un poso de magnitudes hondas en el alma de muchos. Se cuenta que una vez una mujer se dirigió a Lindgren y le dio una pequeña nota: «Gracias por alegrar una infancia triste», decía. Para la narradora, aquel instante justificó toda su labor: «Eso es suficiente para mí. Si he sido capaz de iluminar una sola infancia triste, estoy satisfecha», afirmó. A los cuatro años había recibido su primer libro, «Blancanieves». Sólo unos lustros después, ella misma daría al mundo otro inmortal personaje.
Un claro precedente de J. K. Rowling
La fama literaria de la que disfrutó Astrid Lindgren es comparable con la de J. K. Rowling. Hay paralelismos que se pueden establecer entre la sueca y la inglesa. Ambas surgieron de entornos humildes y tuvieron que salir adelante con sus hijos en solitario (Lindgren fue madre soltera muy joven y Rowling se divorció al cabo de un año). Las aventuras de Pippi han sido traducidas a unos setenta idiomas, y qué decir de «Harry Potter»: éste ha sido adaptado al cine siete veces, y algunas más la niña de las trenzas pelirrojas.
Historia de un libro que fue rechazado por las editoriales
Igual que ocurrió con Harry Potter, la obra de Astrid Lindgren no fue aceptada en un primero momento por las editoriales. Hasta que una se decidió y hoy es, precisamente, el sello dedicado a literatura infantil más importante de Suecia.
El detalle
CUERO Y ASOCIABILIDAD
Un modelo, dos actrices, dos personajes diferentes. Noomi Rapace y Rooney Mara han dado a Lisbeth Salander dos formas de ser diferentes. El personaje de Stieg Larsson parte del que creo Astrid Lindgren, pero pasado por la estética actual de la marginación, el cuero, la violencia y ese toque asocial de las personas encerradas en la informática. Lisbeth se convirtió en un icono feminista desde el comienzo. Un ídolo en diversos foros. ¿El motivo? Su capacidad para la venganza y para sobreponerse a los hombres que la han humillado. Una mujer que no duda en emplear toda clase de métodos para salirse con la suya. Rapace le dio un toque de realismo que aún recuerdan los espectadores. Mara, una estética más americana.
«Pippi Calzaslargas. Todas las historias»
Astrid Lindgren
Editorial Blackie & Books
316 páginas. 23 euros
larazon.es | 01-may-2012 01:18
El miedo a la libertad produce monstruos
Madrid- Vive en una casa de techos altos, para que las reflexiones tengan algo de aire, porque las abstracciones parece que también necesitan un espacio, un lugar donde ensancharse. «El liberalismo es un sistema de ideas que considera que la libertad y la responsabilidad no son sólo atributos esenciales del ser humano, sino lo que más le conviene a la organización política de la sociedad». En el piso se dan cita obras de arqueología y de arte contemporáneo, que no son más que las reliquias que deja el presente. «El principal problema que tiene ahora el liberalismo es su falta de aplicación. En estos momentos hay más limitaciones a la libertad y de eso se resiente en el conjunto de la sociedad y los individuos. Si viéramos un mapa del mundo con el índice de libertad, bienestar y corrupción, coincidirían los países que tienen más libertad, más bienestar y menos corrupción. Los países con más corrupción tienen menos bienestar y tienen menor vigencia el Estado de Derecho, la independencia, la separación de poderes, la igualdad entre hombres y mujeres, la igualdad de mercado». Cortés, ex secretario de Estado de Cultura, ha publicado, junto a Xavier Reyes Matheus, «Era cuestión de ser libres», una especie de manual del liberalismo, una guía condensada en el que reparte teología política y críticas, y que da la impresión de constituirse como una réplica a esa literatura /panfleto que acapara las mesas de las librerías desde que Stéphane Hessel convirtió la indignación en «best-seller».
-¿Cuáles son los enemigos del liberalismo?
-La libertad siempre ha tenido enemigos. En la Atenas de Pericles ya había personas que admiraban a Esparta militarista. Ahora en las sociedades libres, escritores como Sartre o los Günter Grass o demás compañeros de viaje; sin embargo, lo que elogiaban eran las mayores tiranías que conoce el mundo. La libertad produce miedo porque lleva aparejada responsabilidad y desigualdad. El liberalismo político ha logrado unos mínimos porque hay unos derechos inherentes al hombre, como la sanidad, educación, protección, el desempleo, las minusvalías... la libertad genera posibilidades de desigualdad y eso no lo soportan. El más capaz triunfa, el mejor administrador tiene más éxito, al más ahorrador le va mejor cuando vienen malos tiempos.
-¿Y eso es posible cuando las empresas multinacionales escapan a una nación?
-Serían compatibles si los estados mantienen y aplican los principios de legalidad y de igualdad ante la Ley y de un estado solvente y lo que ha configurado el Estado moderno. Ahora este camino se está desandando. Hay sitios a los que se vuelve a leyes privativas, por razones étnicas o religiosas. Hay sociedades occidentales en las que se aplica la «sharia». Es una monstruosidad desde el punto de vista de la conquista de igualdad ante la Ley. Hay países en los que la igualdad no existe y en nuestras sociedades no hacemos más que crear ministerios de Igualdad, con lo que afirmas que no existe.
-Ha mencionado el islamismo.
-Desde que es la fuerza articulada antioccidental, muchos occidentales que antes defendían el ateísmo científico ahora son cómplices silenciosos, si no activos defensores de eso de lo que llaman el multicultarismo, la diversidad. La sociedad se basa en el pluralismo, pero de ahí a que se piense que por esa diversidad hay que defender la mutilación femenina, el ahorcamiento de homosexuales o los matrimonios forzados...
-¿Y las consecuencias?
-Los enemigos se han aprovechado de la sociedad libre y actúan como quinta columnas. En el comunismo había cárcel y exterminio. Pero las sociedades libres tienen en su seno organizaciones con ideas contrarias a la libertad y sistema liberal. Y hay que respetarlo.
Cortés es un hombre de orden por dos razones. La primera, hasta los papeles del despacho está ordenados; segundo, por su concepción de la acción ciudadana y de la democracia; de su desconfianza por el alboroto callejero.
-¿Y qué hacer?
-Hay que reaccionar civilmente y mantener la batalla de las ideas. Las ideas triunfan cuando el adversario las acepta. El liberalismo triunfa cuando los absolutistas lo aceptan y se vuelven conversadores, o cuando los socialistas ya no defienden la dictadura del proletariado y aceptan la alternancia democrática y la libertad del mercado.
-¿Algún otro mal?
-Ahora en países liberales ponemos excepciones al criterio de igualdad por razones nacionalistas, indigenistas y religiosas; limitamos la unidad de mercado y deterioramos la igualdad de oportunidades por criterios de mérito y capacidad por establecer cuotas por discriminaciones positivas. Habíamos conseguido que no se podía delinquir con la opinión, sólo con la acción. Ahora tenemos delitos de opinión. La corrección política está haciendo estragos frente a la libertad de expresión, información, cátedra...
-¿Qué opina del 15-M?
-Es una de las expresiones de la hidra deslegitimadora de la sociedad abierta. Dicen delante del Congreso que no nos representan cuando acaban de votar 20 millones de personas. La democracia es representativa o no es, y más en las sociedades complejas cuando las decisiones políticas requieren un sosiego. Estos movimientos deciden que hay que hacer esto y lo hacen ellos, quinientos, mil, dos mil, reunidos en una plaza. Una sociedad son sus representantes, aunque deben estar atentos a lo que sucede en sociedad.
-Reconoce la fractura entre gobernantes y gobernados.
-Es algo sobre lo que deberíamos pensar los partidos. La percepción de que los políticos no tienen el nivel que deberían. Los cambios tecnológicos han influido también.
Grass, sigue la polémica
Sobre Grass: «Le gustaron los nazis y los comunistas después. La sociedad libre tiene ese inconveniente y una ventaja. En la sociedad libre tiene cabida, puede incluso expresar ideas contrarias a ella, pero debe respetar las reglas. Y eso ha de contrargumentar sus posiciones. Lo que me preocupa es que hay personas que defiendan incorporar las limitaciones que desean sus enemigos. Antes era al revés», asegura Cortés.
«Era cuestión de ser libres»
M. A. CORTÉS.
X. REYES MATHEUS
Atril
122 páginas, 14 euros
larazon.es | 30-abr-2012 01:38
La claves que llevaron al éxito; por Toni Montesinos
De lo que serían hoy 1.500 euros a tener filiales en México y Argentina. De la ilusión de una joven brasileña emprendedora (hija de diplomático afincada en Barcelona) por emplearse en el sector editorial, a un catálogo en el que convive lo mejor de la literatura hispanoamericana y española, europea y norteamericana. Ésa es la historia de Beatriz de Moura, la incombustible editora que marcó un hito en el mundo del libro en España. Con ese presupuesto fundaría Tusquets (tomó el apellido de su pareja, el arquitecto Óscar Tusquets) en 1968, un poco antes de que otra de las editoriales independientes de éxito viera la luz, la también barcelonesa Anagrama, con Herralde a la cabeza. De Moura, tras un breve paso por Gustavo Gili y Salvat, y con la inestimable experiencia adquirida en Lumen tres años, donde conocería a estos hermanos que determinarían su vida, iba a marcar tendencia mediante sus primeras colecciones, Marginales y Cuadernos Ínfimos.En 1977 dignificaría el género de la narrativa erótica gracias a La Sonrisa Vertical, en la que una década después se daría a conocer una de las abanderadas de la editorial, Almudena Grandes, con «Las edades de Lulú». Y es que la habilidad para avanzarse a lo que triunfaría en la órbita literaria caracteriza la labor de Tusquets: los autores del «boom», las letras nórdicas, el género biográfico, la poesía. Ese buen ojo para acoger a jóvenes de enorme calidad que se convirtieron en «best-sellers» universales –Márquez en primer lugar– es el «copyright» de un sello que ha sobrevivido a las inclemencias del tiempo, y que es, hoy, ejemplo de exigencia literaria, popularidad y elegancia.
Toni Montesinos
larazon.es | 28-abr-2012 02:00
Planeta Corporación entra en Tusquets y representará a la mitad del consejo
Mediante este "acuerdo directo", Beatriz de Moura seguirá liderando Tusquets junto a su equipo editorial, y a partir de ahora podrá acceder a la plataforma de servicios de distribución y administración de Planeta.
Aunque De Moura no ha querido precisar la participación accionarial que ha tomado Planeta Corporación en Tusquets, sí ha indicado que se trata de un acuerdo "no invasivo" por el que en el consejo de administración se sentarán dos representantes de Planeta y otros dos de Tusquets, en este caso ella misma y el accionista Pantaleón Bruguera.
Beatriz de Moura ha resaltado que el acuerdo estipula que podrá "seguir la misma línea editorial que he llevado a cabo hasta ahora, desde hace 43 años, lo que para mí era primordial, y esto está contemplado en la letra grande y pequeña del acuerdo".
De Moura ha resaltado que "Tusquets esta aquí para quedarse, no piensa morir", y que para ello es consciente de que tendrá que introducirse en el campo del libro digital.
La editora de Tusquets ha señalado que este es un buen acuerdo "en un momento en que hay una crisis económica de caballo, para una mediana editorial que tiene una distribución a la antigua, y cuando los tiempos van cambiando".
"Cuando lo digital, que está en pañales en este país, ha venido para quedarse, no quiero que los tiempos me pillen desprevenida y quiero estar respaldada y en un lugar seguro para seguir publicando tal y como he hecho hasta hoy", ha añadido la editora.
Planeta Corporación ofrecerá a Tusquets su plataforma de distribución, tanto de libros digitales como impresos, y acceder a otros servicios, como la compra de papel de forma conjunta "y poder gozar de un precio privilegiado", ha explicado Beatriz de Moura.
Todo ello hará que "el futuro económico de la editorial quede completamente asegurado" ha subrayado De Moura.
En el comunicado emitido por Tusquets dando cuenta de la operación se señala que el acuerdo "se fundamenta en una sólida relación personal entre sus accionistas y parte del convencimiento mutuo de que a través del mismo se enriquecen ambas partes".
Añade que "tanto Tusquets, con su catálogo de reconocida calidad literaria y sólidas ventas de fondo, como Planeta apuestan decididamente por el mantenimiento del ecosistema editorial y librero en España y en América".
También se proponen "desarrollar proyectos que mejoren su posición frente a los nuevos entrantes en la distribución de libros, tanto impresos como en formato electrónico".
larazon.es | 27-abr-2012 13:01
El arte que sobrevivió a la guerra
Algunos se preguntan por la supervivencia de las grandes obras de arte de nuestra cultura tras la Segunda Guerra Mundial, la más destructiva que ha habido. Por eso es legítimo conocer que de 1943 a 1951, aproximadamente 350 personas de trece naciones aliadas desempeñaron la anónima función de convertirse en «hombres y mujeres de los monumentos». Fueron los custodios de las Bellas Artes y Archivos de la sección (MFAA) de las fuerzas armadas aliadas. Quienes velaron por el patrimonio de Occidente anteponiendo sus vidas. Se convirtieron en ojos, oídos y brazos del proyecto cultural de «preservación» más ambicioso de la Historia después de todos los expolios y por encima de cualquier conspiranoia bélica.
Hombres de negro
Han pasado –anónimamente, hasta hoy– a los anales de la historia simplemente como «hombres de los monumento»; meros «hombres de negro» de nuestra cultura y patrimonio, pero justo es recordar también que, durante el fragor de los combates en el viejo continente –desde el De-sembarco de Normandía hasta que Alemania levantó los brazos en señal de rendición–, de aquel centenar que seres que se multiplicaban por tres sólo quedan unos pocos «resistentes del amor al arte». Ellos, durante el duro paso del Rubicón, decisivo para emprender el gran riesgo, en el fragor del hambre, la geopolítica y las bombas, cubrieron miles de kilómetros cuadrados para preservar cientos de edificios dañados y localizar antes que los nazis millones de artículos culturales para legarlos a generaciones venideras. Esta es la historia «anónima» de los luchadores de nuestra herencia artística y de nuestra cultura, y –posiblemente– quienes reescribieron nuestra sangrienta historia.
Aquellos que antepusieron su vida por la ética, la estética y el legado. O, cuando menos, una decena de «vigías» victoriosos alertas y valientes. Los mismos que construyeron sus propios mapas del tesoro a tenor de su saber, quienes revisaron los diarios de los conservadores del Lou-vre, aquellos que esquivaron saqueos o registros de catedrales, evitaron bombardeos y espiaron conversaciones para eludir nuevos expolios artísticos. Ellos. Los que comenzaron moviéndose en diferentes direcciones, pero terminaron la partida en el mismo lugar y al mismo tiempo: en los Alpes, cerca de la frontera entre Alemania y Austria, durante las últimas semanas de la guerra. Allí donde el gran tesoro de los nazis fue almacenado: obras de arte parisinas, robadas en su mayor parte a los coleccionistas judíos y los comerciantes. El patrimonio florentino y napolitano –el mayor premio y tesoro anímico de Hitler–, saqueado de las colecciones de arte y museos más importantes de Europa y oculto en las profundidades de una salina de las minas de trabajo, antes de que cayera en manos aliadas.
Para conocer los pormenores de cómo funcionó la caza del tesoro más grande del siglo pasado, ha nacido este libro. Didáctico, ameno y ejemplarizante. Y, como suele ocurrir, la realidad supera la ficción. Hay escritores incatalogables porque suponen un género en sí mismos. Y en esta categoría se adscribe Edsel, el empresario petrolífero que un buen día decidió consagró su vida a la divulgación del legado de las personas dedicadas a la sección de las «Monuments Men». A través de las experiencias personales de estos hombres y mujeres, el autor dibuja un panorama amplio de sus hazañas en pro del arte como la parte visible de lo más sublime del ser humano y su postura ante el caos. ¿Acaso la única forma de combatir la barbarie? Su narrativa no huye, observa su tiempo y convierte las preocupaciones actuales en material de análisis, estudio y memoria. Porque las personas cuyos testimonios recoge dieron nombre a nuestro presente y dibujan una lista tan nutritiva como disfuncional, pero siempre heroica.
La batalla del bien y el mal
Así comprobamos cómo en estas páginas, el lenguaje se convierte en una instancia fría, contenida, por momentos incluso forense, para acercarnos con rigor a la verdad de los hechos. Pese a todo, acuña párrafos escritos con infinita esperanza, aunque no sabemos si lo serán para nosotros, o para las generaciones venideras. Si la frase de Edmund Burke –«Todo lo que se necesita para que triunfe el mal es que las personas de bien no hagan nada»–, nace de la certeza, nunca fue más cierta que en esta ocasión. Ellos lo hicieron. Son los mismos que dieron su vida por cada efigie, cuadro y objeto que era un gran tesoro. Piezas que se habían hecho desde la genialidad, la perversión, el dolor, la denuncia o la constatación de la historia. Arte que, en su afán de exponer, narrar y cuestionar, encontramos una parte de nuestro pequeño espacio en el universo.
larazon.es | 26-abr-2012 01:00
( Escaparate )
«Westwood»
Stella Gibbons / Impedimenta. 460 páginas, 27,96 euros, 13,29 euros ebook
La autora traza una bella novela sobre el amor y la nostalgia a través de la protagonista de esta obra, una mujer de rasgos «janeaustenianos», proclive a la ensoñación, la melancolía y el vago mundo interior, que, en medio de la Segunda Guerra Mundial, durante un bombardeo en Londres, encontrará una cartilla de racionamiento que trastocará las coordenadas de su existencia.
«Una vida llena de agujeros»
D. Hamed Charhadi/Capitán Swing.315 páginas, 19,23 euros
Este libro surge del fruto de una colaboración y una admiración mutua. La fascinación que dejó en Paul Bowles la tradición oral de la cultura magrebí no es nueva. Esta novela surge de ahí. El escritor se alió con Larbi Layachi para preservar este legado. El resultado es un volumen franco, directo, en el que la adversidad, el infortunio y la corrupción se entretejen en una obra que habla de la vida.
«Poder, política y cultura»
Edward W. Said / Papel de liar.357 páginas, 29,90 euros
Éste es un libro que está en el cruce de muchas disciplinas. La música, el pensamiento, la política. A través de una serie de entrevistas, el intelectual, que falleció en 2003 y nació en Jerusalén en 1935, aborda los temas de actualidad. Y aquí hay hueco para todos, desde la cuestión Palestina hasta Pavarotti; desde la herencia que dejó el pasado colonial británico en Israel hasta las ideologías imperantes en EE UU.
«257 días»
José Pedro Manglano /Planeta290 páginas, 18,50 euros
Ésta es una historia real. Un secuestro, en México, no dura más de una semana, pero en esta ocasión fue más largo. Mucho más. Bosco Gutiérrez, uno de los arquitectos más conocidos de D. F, padeció un encierro angustioso. Un secuestro en el que no se dejó someter por el miedo y la derrota. Sobrevivió, totalmente incomunicado, casi trescientos días sin saber si su familia podría rescatarlo o negociar una salida. Por J. Ors
larazon.es | 26-abr-2012 01:00
Subidón de adrenalina
Todo lector de Juan Villoro (Ciudad de México, 1956) sabe que en cada nueva novela encontrará una innovadora propuesta narrativa, alejada del descripcionismo realista, empeñado el autor en forzar los límites argumentales y los valores simbólicos de un fascinante relato. Así sucedía en el libro de cuentos «La casa pierde» o en la caustica mirada sobre la comunicación audiovisual que era «El testigo». Un trabajado lenguaje, una rigurosa originalidad y una incisiva ironía marcan esta escritura, que pretende una reflexión sobre los valores éticos de nuestro tiempo y las implicaciones comunitarias de las opciones personales. Más allá de lo que sucede en la acción, interesa la importancia del caprichoso azar, la indagación en la taimada banalidad del presente, la absurda extravagancia de la vida cotidiana y la soledad del individuo ante este panorama.
El miedo de los adinerados
En esta línea hay que situar «Arrecife», una novela que nos traslada a un singular complejo lúdico, La Pirámide, donde el ocio se vincula al peligro extremo y el riesgo más o menos controlado se erige en una filosofía de vida. El miedo que experimentan adinerados huéspedes y desencantados esnobistas es una metáfora hiperbólica de una inseguridad generalizada. En el ambiente de estos terrores programados –inmersión subacuática, ruleta rusa o sacrificios tribales entre otras lindezas– destacan personajes como Tony Góngora, el escéptico narrador de esta enrevesada intriga policíaca; Mario Müller, esquinado gerente de todo ese tinglado comercial; o Támez, el inquietante jefe de seguridad.
Todos ellos, entre otros atrabiliarios protagonistas, entrarán en conflicto a partir de la sospechosa muerte de un instructor de buceo. Pero esta circunstancia es sólo el pretexto para ahondar en un rico juego de caracteres enfrentados a situaciones extremas, en un ingenioso rompecabezas de espectacular resultado novelesco.
Este cerrado intramundo posibilita también muestras de heroica solidaridad, donde la amistad y el perdón mitigan la dureza de una sociedad deshumanizada. Juan Villoro aporta con esta obra una certera mirada de regocijada amenidad sobre la actual consideración del placer y el dolor, el éxito y el fracaso como formantes complementarios de un mismo, desconcertante y contradictorio concepto de la condición humana.
larazon.es | 26-abr-2012 00:59
Se busca asesino en la Roma imperial
Lindsey Davis es una de las escritoras más populares de novela policíaca de temática romana clásica, largo marbete para denominar a la novela policíaca histórica. Comenzó a publicar sus exitosa saga del detective de vigiles Marco Didio Falco en 1984, situada en la Roma de Vespasiano, allá por el año 77 d. de C. «Némesis» es el vigésimo título desde su primera incursión, «La plata de Britania». Como toda obra en progresión, los personajes han madurado.
Gémino, el padre del detective, acaba de morir dejándole en heredad su fortuna, un palacio en lo alto del Janículo y una colección de estatuas valiosísimas. Helena Justina, su mujer, es una sofisticada romana de su época, que es tanto como decir «moderna», además de compañera de aventuras y madre de dos hijos y una adoptada, Flavia Albia, jovencita rebelde metida en aventuras amorosas con un final desastroso.
Asesino ritual
El resto de los secundarios, algunos confusamente dibujados y otros con una presencia potente, como el jefe de los espías Anácrites y Petronio, llegan a ser entrañables. En esta aventura postrera, pues quizá Davis clausure la serie con este caso de un asesino ritual, se nota un cierto agotamiento. Sin embargo, su estilo sigue siendo chispeante. Falco se ha convertido en un personaje desencantado y mordaz, al estilo de los detectives privados de la serie negra norteamericana, y su mujer, Helena Justina, manifiesta una independencia femenina un tanto extemporánea, pero tampoco es que Davis se tome muy en serio la reconstrucción histórica de la Roma Imperial. Ella prefiere trazar el fondo histórico de sus obras con unas pinceladas coloristas y trasponer a Roma el género policiaco, donde lo importante es una ambientación verosímil, un oscuro caso criminal y un relato con divertidos anacronismos. Como la «contaminación» de Plauto en «Golfus de Roma».
Para la autora, «El mundo romano, tópico e irreal, sólo se utiliza como trasfondo, pero totalmente desdibujado. La acción policiaca podría haber tenido lugar en cualquier otra época». No tiene razón. Sus novelas sí reflejan de forma convincente la trasposición histórica y son tan divertidas como intrigante el caso a resolver. Lo mejor de Davis es con qué parsimonia se toma la narración y lo atractivo que resulta el relato cotidiano de Roma, sus líos y corruptelas, visto por un detective socarrón y mordaz.
larazon.es | 26-abr-2012 00:59
Escrito con las tripas
Era como tú y como yo. Como tu novia, amiga o hermana. Su familia insistía en que se centrara en los libros, pero como cualquier estudiante veinteañera siempre estaba sin dinero. Hojeando un periódico se detuvo en un anuncio donde buscaban chicas para casa de «relax», que, superpuesto a un desengaño sentimental, la colocaron en el disparadero. De meter el pie en la piscina, pasó a empaparse. Se paseó por «la cara oculta» de la luna y una década después regresó para contarlo. La prostitución ha sido utilizada como arma arrojadiza entre sexos: en el lado derecho del ring, las feministas con una lectura sesgada de la realidad y en el izquierdo, los progresistas, que pueden olfatear explotación en todo menos en los regímenes que ceban. Quedan los más peligrosos. Los que dicen máximas como que «en la guerra de las mujeres con los hombres, éstos llevan ventaja, porque tienen a las prostitutas de su lado». Por eso se agradece este libro imposible de catalogar. Ni defensor ni autocomplaciente. No busca morbo, escándalo o tópicos. Se ampara en un cinismo inteligente para relatar los hechos que vivió con asepsia sin tratar como enemigos a los varones, revestir con glamour la verdad o ampararse en la falsa denuncia. No tiene trampa. No victimiza ni infantiliza. Como en el Titanic, el final se sabe desde el arranque: la amistad, el amor, la maternidad y su poderosa razón, la ayudaron a salir de la carretera secundaria de un submundo más frecuente de lo que creemos. Que use seudónimo para firmar este lúcido texto, resulta obvio. Especialmente, cuando estas páginas prueban que podía hacerlo, pues el papel moneda de su valor dependía de las reservas de su mente y su espíritu.
larazon.es | 26-abr-2012 00:59
La juventud anestesiada
Fabián Casas no tiene imaginación. Al escritor y poeta argentino le basta con rescatar recuerdos para escribir textos breves que, bajo su aparente simpleza, esconden una forma triste y profunda de estar en el mundo. Es lo que le ocurre, por ejemplo, al protagonista del primero de los dos relatos que conforman «Ocio»: un joven de clase media de un barrio de Buenos Aires que se pasa el día en su cuarto, echado en la cama y escuchando discos de rock y que acepta, sin ningún tipo de amparo ni convicción, el discurrir de la vida. Ha muerto su madre y él vive con su padre y su hermano. No trabaja, apenas tiene dinero pero lee a Pound y a Céline, una rutina quebrada levemente por la presencia de Roli, con quien comparte el tiempo aletargado de la juventud y el paraíso anestesiado de las drogas. El segundo relato, «Veteranos del pánico», también transcurre en el mismo escenario, sólo que cambia la pasión: el narrador es un escritor ya maduro que se las ha visto con el terror pero que ha aprendido a domesticar sus miedos con mucha épica de barrio y bastante sentido del humor. La diferencia entre un relato y otro, no obstante, es tan sutil como la supuesta falta de imaginación de su autor, porque lo que persiste, en ambos textos, es una voz expresiva y coloquial que acaba olvidando, por momentos, el vacío que sustenta lo que se conoce como realidad.
larazon.es | 26-abr-2012 00:59
Palahniuk o cómo vivir de las rentas
Tan interesante como ilegible, Chuck Palahniuk tiene el mérito de mantener la curiosidad de muchos fans, que aún idolatran su permanente vanguardismo. «Al desnudo» es su enésima variante de un mismo tema: la perturbación y la imprevisibilidad. Especialista en sacarle partido a los instintos primarios –la violencia en «El club de la lucha» o el sexo en «Asfixia»–, Palahniuk abre nuevas vías narrativas mediante ejercicios de estilo siempre corrosivos, de carácter fragmentario, que exigen una atención absorbente y la falta de expectativa de un relato lineal. Combina ráfagas de fértil inspiración –ciertos pasajes de la agresiva «DiarioUna novela»– con excesos como «Fantasmas», sobre una colonia de escritores, donde su afán por capturar lo morboso acababa siendo un espejo caricaturesco. En este sentido, creo que «Al desnudo» es su obra más floja, pues apela más al entretenimiento que a la provocación. Recurre a una estructura teatralizada, desde el primer capítulo, «Acto 1, escena 1», y dispersa nombres en negrita, como en las columnas de los periódicos. Todo para recrear el ambiente que rodea a Katherine Kenton, una actriz en decadencia a cuyo servicio está su asistente, Hazie Coogan. Ésta lleva el peso de una narración que se va complicando con la aparición de un tipo que quiere aprovecharse de la vieja gloria. Y ahí es donde entra la codicia, el crimen, la falta de escrúpulos, es decir, el Palahniuk de siempre. Pero no es bastante para recomendar su lectura.
larazon.es | 26-abr-2012 00:50
La verdad no tiene dueño
Un joven periodista está en unas escaleras al lado de la Plaza de Toros de las Ventas y ve cómo acuchillan a un hombre. De su cuerpo recoge, antes de que llegue la Policía, una carta. Parece que es un exiliado de la Guerra Civil española que ha regresado a nuestro país, pero que tiene miedo de que le persigan gentes que cometieron asesinatos durante el transcuro de la contienda de 1936, y que ahora se han incorporado como delatores a la Policía del régimen franquista. Y a partir de aquí, y de la lectura de una serie de cartas, el lector asistirá a una acción constante en un momento decisivo en la Historia de España, y que en gran parte transcurrió en la ciudad de Madrid, en el año 1975, con Franco agonizando en El Pardo, y periodistas y escritores conocidos empujando el cambio (y que aparecen en la novela, desde Francisco Umbral a Josep Pla).
El periodista, embarcado también en sus propias aventuras sentimentales, en realidad vivirá su propia «novela de iniciación» investigando el crimen que vio y otros posteriores, y amenazado por conjuras de jueces y policías franquistas. Y así, en esta narración, que se abre con una mención al gran periodista Manuel Chaves Nogales, el autor, Carlos Abella, que ha sido también biógrafo de Adolfo Suárez, no sólo describe uno de los mejores cuadros sociales y políticos de la Transición, sino que hace una apuesta decidida por una de las claves de periodismo, pero llevada a la vida diaria: intentar buscar siempre la verdad, que no es propiedad de nadie ni de ninguna ideología.
larazon.es | 26-abr-2012 00:50
¿Quién yace en la tumba de un poeta?
Marcenaro es un crítico de arte y escritor de lo más heterodoxo cuyos libros son una invitación al viaje literario por espacios y tiempos que se superponen y llevan al hoy desde el ayer, al pasado desde el presente. En el caso de este volumen, tal relación no puede ser más estrecha: Marcenaro acude a un cementerio y una lápida, una tumba, un epitafio es en realidad la excusa para penetrar en las vidas de los autores que más le interesan, por lo que el libro, con su red de artículos de corte biográfico, constituye una forma de abordar la vida desde el lugar donde estan enterrados los que ya se despidieron de ella.
Marcenaro muy probablemente estuviera de acuerdo con lo que explicaba el escritor holandés Cees Nooteboom en su voluminoso y bello trabajo «Tumbas de poetas y pensadores» (Siruela, 2007): «¿Quién yace en la tumba de un poeta? El poeta, desde luego, no, eso es bien sabido. El poeta está muerto, de lo contrario no tendría una tumba. Pero el que está muerto ya no es nadie, por lo tanto tampoco está en su tumba. Las tumbas son ambiguas. Conservan algo y, sin embargo, no conservan nada. Naturalmente, esto se puede decir de todas las tumbas, pero cuando se trata de las tumbas de los poetas, con eso no está todo dicho. En su caso hay algo diferente. La mayoría de los muertos callan. Ya no dicen nada. Literalmente, ya lo han dicho todo. Pero no sucede así con los poetas. Los poetas siguen hablando».
Esa paradoja de la muerte vivificada por la perpetua voz del creador alimenta el deseo de Marcenaro a la hora de ir en pos, por ejemplo, del lugar donde esta enterrado Arthur Rimbaud (en su localidad natal de Charleville) o Robert Louis Stevenson (en un monte inaccesible de la lejanísima isla de Samoa). El visitante se presenta frente al nicho, lo describe, analiza lo que lo rodea e incluso aborda la historia del cementerio para entender qué muertos descansan en él. No en vano, como sucede en El Cairo, el camposanto ha acabado por llamarse Ciudad de los Muertos, pues «ha devenido en sitio natural de refugio» para las gentes miserables que no pueden vivir en la caótica urbe egipcia: «Unos trescientos mil, como insectos enloquecidos, han ocupado con rapidez las casitas construidas originalmente para albergar a los peregrinos y a los guardianes de los grandes mausoleos. También han ocupado las tumbas. Cocinan, fornican y duermen en los elegantes nichos de los grandes visires. Ante el hecho consumado, el Estado ha proveído electricidad, ha asfaltado las terrosas calles y abierto escuelas en las antiguas tumbas».
Ésta y otras muchas curiosidades, tan rigurosamente documentadas como abordadas con estilo entretenido y narrativo, empapan un libro que está lejos del morbo. Lo mortuorio aparece como modo de comprender lo vitalista: las amantes y admiradores de Bertolt Brecht están reposando cerca de éste, enfrente de Hegel, por cierto, en el berlinés Dorotheen-Friedhof; el suicida Maiakovski se encuentra en Novodieviche, «el cementerio de los escritores, los músicos y los personajes de la política». Allí están Chejov, Gogol, Bulgakov. Mucho más al sur, en Portbou, fue arrojado Walter Benjamin a una fosa común.
No muy lejos, vemos a Shelley en Roma. Al otro lado del Atlantico, Poe es visitado en su tumba por un desconocido que en cada aniversario le lleva flores y bourbon... Otro apartado lo formarían aquellas tumbas que explican pedazos de historia y política. Marcenaro visita el mausoleo de la Plaza Roja y lo que ocurrio con el cadaver de Stalin. También sigue la huella de los restos de Napoleón en Les Invalides (se cuenta como se trasladó de la isla de Santa Elena a Francia y de algunos de sus miembros, como su pene, que acabaron siendo reliquias subastadas), los de Marx en Londres y los de Rasputin en San Petersburgo. Y también mención aparte merecerían los cementerios que son en sí mismos raros lugares monumentales y simbólicos, como el Cementerio de las Trescientas Sesenta y Seis Fosas de Nápoles, que componen «un formidable calendario fúnebre, en forma de criptografía astronómica», y el de Recoleta, en Buenos Aires, delante de rascacielos que dan una rara perspectiva: «Desde el inmóvil más allá se tiene una vista del frenético más acá».
Pero, si se habla de camposantos, ninguno como el que está en París, «la única ciudad del mundo donde aún se puede morir de hambre y ser enterrado en un cementerio entre gente ilustre»: Pere-Lachaise. Según Marcenaro, este cementerio tiene tres rasgos preponderantes: es histórico, insólito e incluso erótico. El centro de la ciudad del amor en su cementerio, dice el autor, «por lo tanto el mundo tendría su punto geodésico en un cementerio». Eros y Tanatos; dicho de otro modo, lo que rige el día a día hasta que llegue el último.
«Llevamos flores para nadie»
Cees Nooteboom publicó un precioso libro a partir de toda una vida dedicada a visitar, alrededor del mundo, el espacio donde descansan sus escritores predilectos. Con 135 fotografías de Simone Sassen, «Tumbas de poetas y pensadores» no tiene nada de necrófilo, sino de delicado homenaje a aquellos que han hecho pervivir su canto poético a través del tiempo. El autor explica muy bien nuestra relación con los muertos en el prólogo «Cuando se trata de tumbas, todo es irracional. Llevamos flores a nadie, arrancamos los hierbajos para nadie y aquel por quien vamos no sabe que estamos allí. Sin embargo, lo hacemos. En algún rincón secreto de nuestro corazón albergamos la idea de que esa persona nos ve y se da cuenta de que seguimos pensando en ella.
larazon.es | 24-abr-2012 13:48
Eduardo Mendoza y Jonas Jonasson, vencedores en Sant Jordi
El estrambótico "El abuelo que saltó por la ventana y se largó" (Salamandra/La Campana), de Jonas Jonasson, hoy ausente en la jornada de las firmas por estar enfrascado ya en su segunda novela, se ha convertido en el título más vendido en catalán y en el segundo en castellano, sólo superado por el veterano Eduardo Mendoza, que concurría con "El enredo de la bolsa y la vida".
En la ficción en castellano, tras Mendoza y Jonasson se han situado, según las mismas fuentes, Almudena Grandes ("El lector de Julio Verne"), Carlos Ruiz Zafón ("El prisionero del cielo") y Kate Morton ("Las horas distantes").
En la ficción en catalán, tras Jonasson se ha situado Rafel Nadal con su novela autobiográfica "Quan érem feliçós" (Cuando éramos felices), Lluís Llach, que no ha firmado, con su primera novela, "Memòria d'uns ulls pintats" (Memoria de unos ojos pintados), Jaume Cabre con "Jo confesso" (Yo confieso), e Imma Monsó con "La dona veloç" (La mujer veloz).
En no ficción en castellano, ha vencido el ensayo "Más allá del crash", de Santiago Niño Becerra, seguido por "La comida de la familia"; de Ferran Adrià, "La soledad de la reina: Sofía, una vida", de Pilar Eyre; "El arte de no amargarse la vida", de Rafael Santandreu; y "Haciendo majaradas, diciendo tonterías", de Mario Vaquerizo.
El tercer volumen de las memorias de Jordi Pujol ha sido la obra de no ficción en catalán más vendida, según los libreros, seguida por el libro de Ferran Adrià; "Viaje al optimismo", de Eduard Punset; "Fago", de Carles Porta, y "Diguem prou" (Digamos basta), de Arcadi Oliveres.
En uno de los segmentos sensibles en el día de Sant Jordi, el género infantil y juvenil, los más vendidos han sido la primera y segunda entrega de la saga de "Los juegos del hambre", de Suzanne Collins, el álbum de Mortadelo y Filemón "Londres 2012", de Francisco Ibáñez, así como dos de las aventuras de Geronimo Stilton.
Sin una correlación directa entre ventas y firmas, los autores que más han movido el brazo con su pluma han sido Eduardo Mendoza, Carlos Ruiz Zafón, Almudena Grandes, Federico Moccia, Chuck Palahniuk, Jaume Cabré o Francisco Ibáñez, que han tenido que atender colas interminables de lectores y fans.
A falta de una valoración con los datos definitivos, el presidente del Gremio de Libreros, Antoni Daura, ha dicho que "la sensación es que la dinámica de ventas ha sido buena" y esperan "poder igualar al menos la facturación del pasado año", que ascendió a 17 millones de euros.
Según el Gremio de Libreros, "la sensación es que ha vuelto a participar mucha gente y se ha vuelto a cumplir con la tradición de comprar un libro para regalar".
La ausencia de un claro "best-seller", a pesar de la presencia de algunos títulos favoritos en las quinielas de los más vendidos, ha llevado a "una mayor diversificación de las compras de unos lectores que se han decantado mayoritariamente por la narrativa".
En cuanto a la facturación, los libreros esperan "alcanzar o incluso superar" la del pasado año, de 17 millones de euros, lo cual les dejaría "razonablemente satisfechos", ha afirmado Daura, quien ha recordado que "las ventas que hacen las librerías en Sant Jordi representan entre un 5 y un 8 por ciento de la facturación global del sector".
larazon.es | 23-abr-2012 20:28
Arranca la lectura continuada del Quijote en el Círculo de Bellas Artes de Madrid
Personalidades del mundo artístico, político y cultural continuarán con esta lectura, en la que también podrán participar todas las personas que lo deseen. Tras el nieto del escritor, han continuado el ministro de Educación, Cultura y Deporte, José Ignacio Wert; el ministro de Cultura chileno, Luciano Cruz-Coke; el presidente del CBA, Juan Miguel Hernández León; y el director del Instituto Cervantes, Víctor García de la Concha.
Cerca de 25 países también desarrollarán lecturas, algunas de las cuales se incorporarán "en vivo", lo que dará "universalidad" a esta cita. Entre ellos, destacan los centros de San Juan (Puerto Rico), La Habana (Cuba), Asunción (Paraguay), San José (Costa Rica), México D.F., Lima (Perú), Sidney (Australia), Pekín (China), Kuala Lumpur (Malasia), El Cairo (Egipto), Ammán (Jordania), o Beirut (Líbano).
Otra de las características de la decimosexta edición de esta lectura será la participación de alumnos del Laboratorio de Teatro William Layton, el Club de Teatro de la Universidad Europea de Madrid y de Bululú 2120 Estudio de Actores y Directores, quienes participarán con una lectura dramatizada del texto.
CONFERENCIAS, TEATRO, DANZA Y POESIA
De forma paralela, durante estas 48 horas se desarrollarán otras actividades relacionadas con música, teatro, danza y poesía. Además, se podrá visitar la azotea de forma gratuita durante estos tres días en un horario que ha sido ampliado.
Entre los eventos organizados destaca el concierto sinfónico 'La misa de la coronación de Mozart', que tendrá lugar este martes en el Teatro Fernando de Rojas del centro. En el plano musical, también acudirán Fetén Fetén a la cafetería del CBA para amenizar la velada de este lunes, con un concierto protagonizado por violines, acordeones y otros instrumentos inusuales como el serrucho o el vibrandoneón.
La obra teatral 'Yo estaba en casa y esperaba que viniera la lluvia', de Jean-Luc Lagarce, protagonizará el apartado teatral. Asimismo, se ha programado el debate '¿Qué escribiñia Dickens hoy?' y la conferencia 'Hombres que marchan', en torno a 'Un hombre que duerme', de Georges Perec.
Por último, tendrán lugar también las presentaciones de los libros 'Cárceles y exilios', de Nicolás Sánchez Albornoz, y de 'Deseo de no olvidar', de Angel Crespo.
larazon.es | 23-abr-2012 18:55